Lata Pararã

El viaje en el tiempo que nos debía la vida: The Gathering y Anneke van Giersbergen en São Paulo

 

Reseña sobre la celebración de los 30 años de ‘Mandylion’ en Audio, São Paulo (15 de octubre de 2026).

Hay conciertos que van más allá de lo musical; son portales directos a quiénes fuimos. La noche del jueves 15 de octubre en la sala Audio de São Paulo fue exactamente eso: un reencuentro cargado de memoria y emoción. The Gathering volvió para festejar las tres décadas de ‘Mandylion’ con su alineación clásica y la presencia luminosa e inconfundible de Anneke van Giersbergen.

Aquel álbum de 1995 no solo transformó la carrera de los neerlandeses, sino que enseñó a toda una generación que la pesadez no habita únicamente en la distorsión, sino en la profundidad de los sentimientos.

El viaje comenzó con ‘Eléanor’ y ‘Fear the Sea’, desatando una electricidad instantánea en el recinto. La banda ofreció un directo denso y atmosférico donde las guitarras de René Rutten y Jelmer Wiersma dialogaban con las texturas de Frank Boeijen. Piezas como ‘Leaves’, ‘Sand and Mercury’ y el estallido de ‘Strange Machines’ provocaron una auténtica catarsis, mientras que joyas como ‘Liberty Bell’, ‘Analog Park’ o ‘Broken Glass’ mantuvieron al público en un trance constante.

Resulta imposible entender la magia del grupo sin rendirse ante Anneke. Su voz conserva una pureza sobrenatural, pero lo que realmente conmueve es su calidez humana. Canta con la sonrisa de quien se sabe querida, mirando a los ojos del público y compartiendo una complicidad sincera con sus compañeros de banda, apoyados por la base impecable de Hugo Prinsen Geerligs y Hans Rutten.

Treinta años después, volver a escuchar estas canciones nos confirmó que la música sincera jamás envejece. Fue un abrazo colectivo inolvidable entre una banda histórica y su gente.

Setlist oficial de la noche

OPENING:

0. Mandylion

MAIN SET:

1. Eléanor

2. Fear the Sea

3. In Motion #1

4. On Most Surfaces (Inuït)

5. Broken Glass

6. Waking Hour

7. Probably Built in the Fifties

8. Liberty Bell

9. Analog Park

10. In Motion #2

11. Leaves

12. Sand and Mercury

13. Strange Machines

ENCORE:

14. Travel

15. Third Chance

16. Saturnine

 

Por: Cimone Tavares | Cobertura en directo desde SP

Ph: Belmilson Santos

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Latapara Fest 2026 – El reencuentro de una familia y el sueño cumplido.

El 1 de agosto de 2026, una jornada inolvidable dentro del metal nacional del Paraguay, no solo por el impecable espectáculo brindado por las 9 bandas nacionales en escena, sino por el profundo significado emocional que conllevaba aquel encuentro.


Siendo las 19hs, el arranque con Black Fire ya demostraba la alta calidad musical que nos esperaba esa noche, la banda se afianza en cada presentación y van ganando terreno a pasos agigantados.

Khyron demostró una vez más, que sigue siendo una maquinaria de precisión muy bien ajustada, la banda anunció que se vienen los festejos por los 30 años y que este era un evento especial para ellos.

Batallón, hablando de maquinaría ajustada, los embajadores de la República de Luque no defraudaron y presentaron un set compacto y arrollador dejando bien en claro que la banda está pasando por su mejor momento.


Steel Rose venía de una larga pausa, cosa que no se notó en absoluto y por el contrario, la banda sonaba muy ajustada, destaque especial para los invitados Pablo Valenzuela de “Sadistic Art” y Josema González de “Kuazar”, quienes brindaron el toque especial que coronó una excelente presentación.

Sadistic Art o la brutalidad en escena, la precisión y la energía se contagiaba y llegaba al público que devolvía esa energía transformada en mosh, Los machaques de guitarra y una voz de ultratumba, marcaban la potencia indiscutible de esta banda.

Mythika arrancaba con “La amarga plegaria” y eso era sólo el principio, uno tras otro se vinieron los clásicos de la banda poniendo el toque melódico a la brutal jornada.

Llegó el momento de ver a Hikuai, banda que llamó poderosamente mi atención desde el primer tema, fue la primera vez que los vi y quedé grata y absolutamente sorprendido, deseo que este sea el inicio de una larga y gran carrera.

Posteriormente se vino Wisdom, banda que tiene ese “algo” que sorprende en cada show en vivo, suenan una trompada en todos los escenarios que pisan, destaque especial para “Sabrina Nogues” quien se encargó magistralmente del bajo.

El festival se tenía que cerrar con brutalidad y no podía ser de otra manera, Abbadon llevó la energía al tope y se encargó de mantener la conexión con el público hasta el último acorde, destaque especial a la participación de Gallo de “Khronus” en el tema “Muerte Lenta” .

Más de 6hs de metal nacional sin desperdicios y el encuentro de varias generaciones de una misma familia.

Casi al final de la jornada decidí pasar al camerino y la atmósfera cambió por completo, ese lugar estaba impregnado de una energía indescriptible, los músicos y allegados estaban allí y Oscar estaba con ellos, definitivamente la vivencia superó lo terrenal y se podía percibir el eco inconfundible de sus carcajadas y la complicidad de sus bromas. Oscar había soñado todo esto y la música sirvió como un puente para lograr aquel sueño.


Latapara Fest 2026 fue la confirmación de que los grandes sueños no terminan con la ausencia física, y de que esa noche, en ese camerino, Oscar celebró el triunfo junto a todos los suyos.
Este es un tributo a la memoria y al legado de Oscar “Facha” Esquivel.

 

Por: Richie Vidaurre.
Photos: Caminante Rockero.

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La noche en que Tygers le mordió la yugular al lunes

                                                                    

(apuntes naif sobre el concierto de Tyger Of Pan Tang en Paraguay)

Por: Geté 

PH : Dani Vera

Nadie en su sano juicio debería estar metido un lunes de noche en Absoluto Rock Bar, con la garganta áspera, el hígado negociando cláusulas de supervivencia y una leyenda de la New Wave of British Heavy Metal a punto de salir al escenario. Pero el metal, por suerte, nunca fue territorio de la gente demasiado razonable. Así que ahí estábamos unas trescientas almas vestidas de negro, algunas todavía jóvenes, otras con orgullosas canas metaleras, todas reunidas para comprobar si Tygers of Pan Tang seguía teniendo dientes, garras y ese viejo rugido británico que, en los años ochenta, ayudó a ensanchar el mapa del heavy metal.

Y bastaron los primeros minutos para comprobarlo.

La jornada había empezado temprano. A las 18:15 subió Jolly Roger con su heavy/speed metal de espíritu clásico, filoso y pirata. La banda tiene una marcada identidad con riffs épicos y veloces, imaginario de aventura y una energía que parece salida de una taberna incendiada por corsarios con camperas de cuero. Excelente apertura para una noche que necesitaba levantar temperatura desde temprano, antes de que el lunes se acordara de que era lunes.

Después vino Furious Dogs, a las 19:00, con su heavy metal/hard rock directo, de riff pesado y actitud frontal. No es una banda para andar descifrando con lupa académica porque entra, golpea, sacude y deja claro que el rock and roll huele a amplificador caliente, cerveza derramada y calle. Su lugar en la grilla funcionó demasiado bien por el empuje rockero que le metieron. Es como cuando entrás a un bar y todos creen que estás medio kaigue y pire vai, y de repente empezás a hacer volar las mesas y tumbar puertas pe añamemby.

A las 19:55 apareció Evil Force, y ahí la cosa cambió de densidad. El thrash metal old school de ellos subió de golpe la temperatura. Otra violencia, otra manera de mirar al público. Evil Force desde el inicio ya anunció que no vino a adornar la noche nomás como invitado, vino a darnos un feroz tovajepete y a revolver todo lo que encontraba a su paso. Con temas como “Hedonism Rising”, “Chaotic Sounds of Destruction”, “Banging on the Pentagram”, “Spitting Rage”, “Unleash Your Fury” y “Enigma of the Absolute”, la banda descargó esa mezcla de velocidad, agresividad y espíritu underground que la mantiene como una presencia fuerte dentro del metal paraguayo. Evil Force suena a sótano, a distorsión, a ese esmeril que raspa un hierro hasta moldearlo a su antojo. A partir de ahí, todos los cuellos pasaron por alineación y balanceo, preparados para doblar la próxima esquina del apocalipsis.

Luego, a las 20:55, subió Riding, desde México. ¡Qué banda espectacular!. Llegó con su heavy metal tradicional de raíz hard rockera. Uriel Aguilar, David Sandoval, Alejandro Escobar y Kevin Sandoval trajeron una propuesta más melódica, con riffs de acero, aire ochentero y una actitud de escenario de la gran siete. Riding trajo desde México una lectura propia del heavy tradicional. Guitarras líderes, melodía clara, voz limpia y una estética clásica asumida con seriedad, sin necesidad de sobreactuar la pose. No buscó competir con la agresividad de Evil Force ni adelantar el impacto de Tygers of Pan Tang. Ocupó un lugar propio, más melódico y hard rockero, y amplió el registro sonoro de la noche antes del desembarco británico.

A las 22:00, finalmente, Tygers of Pan Tang salió a escena. Y antes de que sonara el primer golpe, Craig Ellis hizo una reverencia. Fue un gesto breve, pero revelador. No era una pose vacía ni un truco de cortesía. Era como decir: “Sabemos dónde estamos, sabemos lo que significa esta noche, y vamos a tocar como corresponde”. En tiempos en que muchas bandas históricas llegan a Sudamérica con piloto automático, esa reverencia valió como declaración de principios y respeto total al público.

La formación que pisó Paraguay estuvo integrada por Robb Weir en guitarra y coros, Jacopo “Jack” Meille en voz principal, John Foottit en guitarra, Huw Holding en bajo y Craig Ellis en batería, percusión y coros. Robb Weir, fundador y columna vertebral histórica del grupo, no se limitó a ocupar el lugar del veterano ilustre. Todo lo contrario, sostuvo la noche con oficio, temple y una presencia que no necesitaba gritar para imponerse.

 

El arranque con “Euthanasia” fue una patada de época. Ese tema tiene la crudeza inicial de la NWOBHM, una energía casi callejera, sin maquillaje. Después vino “Gangland”, que confirmó que el sonido estaba firme y que la banda no había venido a administrar nostalgia, sino a soltar al Jaguarete en medio de la sala y ver quién salía ileso.Entre “Keeping Me Alive”, “Back for Good” y “Take It”, el show empezó a mostrar el equilibrio de la banda actual, es decir, respeto por la historia, pero con producción, cuerpo y músculo contemporáneo.

Jack Meille fue uno de los grandes responsables de que la noche no se convirtiera en una simple postal ochentera. El tipo manejó los registros vocales con una soltura impresionante. Subía, bajaba, apretaba, soltaba, jugaba con el público, sonreía y volvía a meter presión cuando la canción lo exigía. En síntesis, opurahéi la tipo. En un momento lanzó una frase que ya debería quedar archivada en la memoria metalera local. “No recuerdo haber rockeado tanto un lunes”. Y tenía razón. Lo que estaba pasando era medio absurdo. Un lunes, Asunción, trescientas personas, mosh pit, cuernos por doquier, coros, bangueos poderosos y una banda británica tocando como si estuviera cerrando el Wacken.Los murmullos, si acaso pudieran “verse” entre tanto ruido, dibujaban una comparación inevitable con Robert Plant. El parecido está ahí, flotando en la melena, en ciertos gestos, en la forma de plantarse frente al micrófono. Y no parece casual que también sea la voz principal de NORGE, banda italiana de tributo a Led Zeppelin.

La sexta canción fue “Electrifyed”, y fue uno de los momentos fuertes del concierto. Riff afilado, pulso moderno y una energía que conectó la etapa reciente de la banda con su vieja escuela. Ahí quedó claro que Tygers of Pan Tang no vino solamente a desempolvar glorias antiguas, sino a probar que todavía tiene corriente propia, con canciones nuevas capaces de pisar fuerte el mismo escenario que los clásicos.

Robb Weir fue uno de los grandes protagonistas de la noche. Su forma de tocar llenó todos los espacios posibles con solos, arreglos, respuestas melódicas, fraseos y pequeños detalles que mantuvieron la tensión musical en alto. No dejó lugar a especulaciones ni vacíos. Cada intervención pareció estar pensada para fortalecer la canción, no para exhibirse de manera gratuita. Esa es una diferencia importante, porque no todo virtuosismo entiende cuándo debe ponerse al servicio del repertorio. Weir sí lo entiende y por eso su talento es superior. En varios pasajes del concierto, además, recurrió al Talk Box, ese dispositivo clásico que permite modular el sonido de la guitarra con la boca y lograr ese efecto de guitarra que parece hablar. No era un sintetizador vocal ni un adorno tecnológico puesto porque sí, sino un recurso utilizado con criterio, de esos que hacen que uno sonría como criatura cuando descubre que la guitarra también puede tener lengua.

“Only the Brave” levantó el costado hímnico de la banda. “Paris by Air” abrió la faceta más melódica, casi AOR, elegante, radial, pero sin perder carácter. Y “White Lines” fue otro momento destacable, especialmente por los coros del baterista. Craig Ellis no solo marcaba el pulso. Participaba, empujaba, respondía. Esa fue una de las cosas que más impresionó de Tygers. Sonaban como una familia escénica. No familia en el sentido de postal dominguera con asado, mandioca y sopa paraguaya, sino en el sentido de unidad real hecha de miradas, entradas, apoyos, sonrisas, complicidad y precisión. Nadie estaba flotando solo por ahi. Todos estaban adentro de la misma maquinaria.

John Foottit, por su parte, se encargó de buena parte de los solos con una precisión admirable, en perfecta sincronía con Robb Weir. No parecía haber dos guitarras compitiendo por el centro de la escena, sino una sola arquitectura eléctrica repartida en dos cuerpos.Solos, arreglos, fraseos y respuestas aparecían donde debían aparecer. Nada sobraba, nada faltaba.

Con “Slave to Freedom”, “Love Potion No. 9”, “Hellbound”, “Love Don’t Stay” y “Suzie Smiled”, la banda terminó de sacar todas sus garras. Hubo crudeza, melodía, veneno rock and roll y oficio de vieja fiera. Nada sonó suelto. Todo pertenecía a un mismo rugido.

 

Mientras tanto, la fauna local hacía su propio concierto paralelo. Cerca de la barra me encontré con David, de Cool Bar, y Ariel Aguilera. Con David veníamos ya practicando desde hace tiempo esa peligrosa disciplina de tomar Michelob Ultra sin gluten como estrategia de supervivencia hepática y, sobre todo, como trampa psicológica. Uno pues cree gua´u que así está siendo más responsable con la bebida. Bolapa. Cuando empezó Tygers ya habíamos pasado la docena, y el otro tema de fondo era que ese lunes ya estábamos en el quinto día consecutivo de beber. El día anterior en Luque, en el NOSFEST homenaje al querido Ferky, ya habíamos bebido como si el lunes fuera un rumor difuso y lejano.

Encontré a casi todo el staff de Lata Pararã. Teti me vio y apareció con su Pilsen como Lucifer con credencial de barra libre. Me ofreció un sorbo grande, casi bautismal, y yo caí sin resistencia. Ahí entendí que estaba mezclando todo otra vez y un lunes, para peor. Pero hay malas costumbres que se adquieren cuando uno se sumerge en las entrañas de una noche insondable. Dani, mi colega investigador, intentaba validar hipótesis en condiciones metodológicamente impresentables, mientras sacaba fotos y videos sentado en la barra. José Calderón estaba en un costado sorbiendo parsimoniosamente su Pilsen, como si evaluara el derrumbe moral de Occidente desde una esquina privilegiada.

El local estuvo de diez. Buena atención en la barra, cerveza a temperatura correcta y música precisa en los intermedios, con Lilo manejando los hilos como DJ.

También corresponde decirlo antes de que la resaca borre los nombres del pizarrón moral de la madrugada. Una noche así no aparece por generación espontánea ni por invocación satánica entre humo y distorsión. Detrás estuvo la productora A Headbanger Journey, moviendo las piezas para que una leyenda británica de la NWOBHM, una banda mexicana y parte importante del metal paraguayo compartieran escenario en Asunción. Traer a Tygers of Pan Tang un lunes y hacer que Absoluto rugiera de esa manera merece reconocimiento.

 

Por ahí se me apareció de repente, como de entre una espesa niebla londinense, la figura de Francis, de Power Drive. Venía con una de esas verdades que no se improvisan en la barra, sino que se juntan con años de calle, vinilos, fanzines, conciertos y conversaciones interminables. Ese arandu ka’aty del metal, ganado a pulso entre bares y escenarios, aparecía en cada frase con la seguridad de quien habla desde la experiencia.

Francis me habló de un posible cuatrinomio británico formado por Iron Maiden, Saxon, Def Leppard y Tygers of Pan Tang. La idea tiene fuerza. Tygers no llegó a la maquinaria industrial de los otros, pero tal vez por eso conserva una nobleza distinta, una fidelidad más áspera, más de culto. Y cuando una banda de culto toca así, con precisión, alegría y hambre escénica, uno entiende que la historia del metal no se mide solo en estadios ni en ventas.

Después del concierto vinieron las fotos de rigor con algunos músicos, y luego la evaluación reglamentaria en la barra. Hablamos de Tygers, de la NWOBHM, de las bandas nacionales, de arte, filosofía, Dalí, Picasso, Toulouse-Lautrec, el alma, la moral y la ética. Temas que, por alguna razón, aparecen cuando la noche ya no tiene bordes precisos, el tiempo no tiene horizonte visible y la cerveza va y viene como un torrente sin aduana.

A eso de las 4:30, antes de perder completamente la señal, se acercaron unos personajes con tono mexicano. Eran los músicos de Riding, recién iniciando su propia noche de “peda”. Se escuchó un “qué onda, carnal”. Pero en algún rincón de mi inconsciente apareció una alarma guaraní. “Cheko’ẽmbáta ko’ápe”. Y mi intención, al menos la parte que todavía podía formular intenciones, era amanecer en mi rancho de Luque y no en las profundidades de la noche asuncena. Me despedí con un ademán apenas inteligible, subí a un Bolt y me perdí en los brazos de Morfeo hasta que el chofer me despertó con un seco y misericordioso “ya llegamos”.

Al amanecer, y después de rebobinar mentalmente el casete con treinta litros de tereré pantano y yerón intravenoso circulando por el sistema, volvió la escena final. El escenario todavía caliente, el público eufórico, la banda exhausta por haberlo dejado todo y esa alegría difícil de explicar de quien sabe que acaba de formar parte de algo poderoso.

Tygers of Pan Tang no vino a Paraguay a vivir de la nostalgia ni a cobrar intereses por una gloria antigua. Vino a demostrar que el heavy metal clásico todavía puede sonar vivo, preciso, elegante, feroz y profundamente humano. En un lunes que parecía condenado a la rutina, ante un público que respondió con garganta, cuello y corazón, la banda dio una lección de oficio, entrega y camaradería.

No fue solo un concierto. Fue una prueba de supervivencia sonora, la sudorosa evidencia de que algunas viejas fieras todavía pueden morderle la yugular a un lunes y salir caminando como si nada, con las garras limpias, el amplificador humeando y la noche rendida a sus pies.

 

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Momia. Stoner Metal desde las Pirámides.

Rey Leproso es el primer single de Momia fue grabado entre el 2025 y 2026 y fue producido, mezclado y masterizado por Gabo Murphy.


Momia busca mantener el sonido clásico del Stoner Metal guitarras, gibson, amplis marshall, orange, bajos fender teclas estilo órgano y coros todo para lograr ese sonido clásico. Momia esta terminando de producir su primer disco.

La banda fue formada por Pablo Lopez Baruja (Voz) (Ex Mano de Gloria) y Gabo Murphy (Guitarra, Coros) (Black fire) en el 2025 a lo que se sumaron Oni Paez (Bajo) (Ex Mano de Gloria), Mabe Bongiovi (Teclados, Coros)( Black FIre), Jose Martinez (Bateria) (Ex SuperCaos).

Momia tiene el 11 de junio su primer concierto en la otra bar también esta terminando de grabar su primer álbum y grabando un video. Quiere  impactar desde el primer momento pisar fuerte de entrada como banda

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Fabio Lione en Paraguay, noche épica y llena de magia

El amanecer de la victoria por el día de la independencia, llegó gracias a Fabio Lione.

Fabio Lione no necesitó dragones, catapultas ni un ejército de elfos para incendiar la fría noche asuncena. Bastó con que el italiano aparezca sobre el escenario de Voudevil y lance el primer grito de guerra para que todos los presentes entregáramos el alma, la garganta y probablemente hasta el aguinaldo al sagrado reino del power metal. Porque sí, mientras medio Paraguay seguía festejando los 215 años de independencia entre polkas, asado y alguna que otra patrulla buscando conductores sospechosamente felices, nosotros estábamos preparándonos para otra batalla histórica: sobrevivir a un show de Fabio Lione sin quedar afónicos, emocionalmente destruidos o abrazados a un desconocido cantando en italiano inventado.
Asunción venía más cargada de metal que colectivo de la Línea 27 a las 18:00.


En cuestión de semanas pasaron Dream Theater, Vader, Korn y ahora tocaba recibir nuevamente al emperador supremo de los dragones sin presupuesto CGI: Fabio Lione. Y ahí uno inevitablemente recuerda esos gloriosos años entre 2011 y 2015, cuando Paraguay parecía la ruta oficial del metal sudamericano y cada semana aparecía una banda para tocar en vivo.

La previa ya venía cocinándose desde hace días. En la radio sonaban especiales, pedidos, clásicos de Rhapsody of Fire y debates filosóficos importantes, como por ejemplo: “¿Qué tan alto puede llegar Fabio sin romper una copa de whisky?”, o “¿Emerald Sword es himno nacional alternativo del metal?”. En Lataparara Radio ya estábamos mentalizados para la cruzada épica.

Llegamos apenas para ver el cierre de Mythika, los leones fernandinos que nuevamente demostraron que el power metal paraguayo también sabe repartir temazos y con clase. Lastimosamente el tráfico asunceno hizo de las suyas. Porque claro, uno puede sobrevivir a siete dragones, a un solo de guitarra de veinte minutos y hasta a un pogo vikingo, pero jamás podrá derrotar el poder ancestral de un semáforo sobre Eusebio Ayala.


A las 23:00 la atmósfera ya parecía antesala de guerra medieval. Mientras en 1811 Iturbe, Caballero y Yegros preparaban el ultimátum contra Velazco, nosotros hacíamos exactamente lo mismo, pero en la fila de la cantina retirando nuestras municiones líquidas para entrar al combate. Y qué combate. El recinto estaba lleno, caliente y listo para el caos. El ambiente era tan épico que en cualquier momento esperábamos que aparezca un dragón estacionando frente al boliche cobrando valet parking.


Entonces sonó “Lux Triumphans”.

Y hermano, ahí ya no había retorno.

La intro cayó sobre nosotros como relámpago de hechicero. Piel de gallina instantánea. El pecho vibrando más fuerte que parlante de la ex línea 27 tuneado. Y cuando arrancó “Dawn of Victory”, el pogo explotó como si Velazco hubiera dicho “aguante la cumbia”.

La banda argentina que acompañó a Fabio tocó con precisión quirúrgica: impecables, afilados y más sincronizados que orquesta sinfónica dirigida por un bárbaro con espada gigante.


Intentar recordar el orden exacto de las canciones ya es otra historia. Nuestra previa iniciada heroicamente en Ñemby comenzó a pasar factura apenas iniciado el show. Y sinceramente, después del tercer coro épico, mi cerebro ya estaba funcionando en modo “taberna medieval”. Pero como buen paraguayo metalero, uno nunca pierde la dignidad: solamente cambia de idioma. Porque esa noche cantamos todo. En inglés versión Duolingo Premium pirateado, en italiano estilo tarantela escuchada en “Tano el Italiano”, y hasta en portugués improvisado cuando Fabio aprovechó para lanzar algunos misiles diplomáticos dirigidos a su ex – banda “Angra”. Ahí alrededor mío aparecieron lingüistas espontáneos insultando con una fluidez verdaderamente conmovedora.

Fabio estuvo monumental. Cercano, carismático y absolutamente demoledor. Hay tipos que cantan, y después está Fabio Lione, que directamente invoca criaturas mitológicas con las cuerdas vocales. El hombre no interpreta canciones; abre portales interdimensionales donde todos terminamos convertidos en guerreros medievales sudamericanos sosteniendo cerveza caliente como si fuese hidromiel.

Y cuando parecía que ya no quedaba energía en el cuerpo humano, el italiano decidió rematarnos emocionalmente con “Wasted Years” de Iron Maiden. Después vinieron “Unholy Warcry”, “The Magic Of The Wizard’s Dream”, probablemente “The Wizard’s Last Rhymes”, aunque a esa altura ya había gente viendo dragones sobre la consola de sonido (me incluyo), hasta llegar al cierre definitivo con “Epicus Furor” y la inevitable “Emerald Sword”.
Ahí se terminó todo.

O, mejor dicho: ahí comenzó la depresión post-show.
Porque “Emerald Sword” no solamente cantamos todos, dimos vuelta por todo Voudevil como calesita descompuesta en época del día del niño. Fue el momento exacto en donde aproximadamente 400 adultos paraguayos se olvidaron que tienen que pagar impuestos, cuentas, el combustible caro y problemas existenciales, para convertirse en una hermandad medieval desafinada, sudorosa y feliz.


Gracias nuevamente a Fabio Lione por traer su magia a Paraguay y recordarnos que el power metal sigue vivo, glorioso y más resistente que campera negra en verano paraguayo. También gracias a la gente de FH Entertainment, Voudevil, Lorena Jordán, Mythika y todos los media partners que hicieron posible esta noche encantada.

Que esto siga siendo apenas el comienzo. Que vengan más conciertos, más pogos medievales, más himnos épicos y más noches donde Asunción deje de ser capital por unas horas, para convertirse directamente en la Tierra Encantada de Algalord.

Por: KLD
PF: Caminante Rockero, Daniel Vera (DVL Studio), Instagram de Fabio Lione Oficial.

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Fabio Lione, un grande del Power Metal regresa a Paraguay

Fabio Lione, vocalista italiano de power metal, se presenta este sábado en Voudevil por primera vez como solista, su primera presentación en Paraguay fue con la banda brasilera Angra en el año 2014, en el anfiteatro del BCP, luego, regresó a Paraguay con su banda con quien llegó a la fama mundial del power metal, “Rhapsody”, en el teatro Guaraní en el año 2018, dando así un concierto histórico en aquella ocasión, ya que la banda regresaba luego de muchos años con una reunión en tour mundial denominado “Farewell Tour” 20th anniversary I & II., ambos eventos realizados por la productora Diorama.

A continuación, te presentamos parte de la vida y la carrera de quien sería una de las voces más emblemáticas del power metal mundial, Fabio Lione.

1973 (0 meses de edad)
Fabio nació en Pisa, Italia, el 9 de octubre.
Su nombre original es Fabio Tordiglione.
De niño, le interesaba principalmente la naturaleza y los animales. Solía pintar animales y jugar videojuegos.
Sus recuerdos y experiencias con la música se limitaban a la radio, y aún no había descubierto una verdadera pasión por ella.

1987 (14 años)
Compró su primer álbum de Metal /Rock, The Final Countdown . Este primer encuentro con el famoso álbum de Europe se convirtió en una clave importante para abrirle las puertas al mundo del Heavy Metal .
Mientras estudiaba en el instituto técnico de Pisa, gracias a sus compañeros, impresionados por su interpretación de » The Final Countdown «, descubrió su propia y hermosa voz. (Aunque no sabía leer bien las notas, cantaba exactamente como Joey Tempest ; su registro agudo y su voz clara son muy similares a los de Joey).
Tomó clases de canto para barítono con un viejo amigo, doce veces (durante unos cinco meses), lo que le permitió desarrollar un registro vocal comparable al de Freddie Mercury de Queen . Intentó cantar algunas canciones de grupos de rock en inglés, y también » Una furtiva lacrima » (Una lágrima secreta) de Pavarotti.

1990 (17 años)
Fabio vio el festival Monsters of Rock y su vida cambió.
Comenzó a cantar con un pequeño grupo clandestino.
La banda era una especie de grupo de versiones de rock and roll , y tocaban todos los clásicos de los años 50 y 60, por ejemplo, las canciones de Elvis Presley.
Sentía pasión por la música de grupos como Queensryche , Fates Warning y Crimson Glory , lo que le llevó a decidirse a formar una banda de metal.

1992 (19 años)
Fabio empezó a escuchar muchos CDs y álbumes, y estaba buscando una banda.

1993 (20 años)
Su actividad musical continuó con un grupo joven de Pisa llamado Athena. Eran una banda de metal progresivo con un estilo propio y único que exploraba diversas expresiones artísticas.
Fabio grabó una maqueta con Athena, y esta fue su primera experiencia en una banda de metal.
Dio 20 conciertos con la banda, y la grabación de la maqueta fue una buena experiencia para ellos.
Después de dos años, dejó la banda. Athena lanzó su primer álbum en 1995, «Inside, the moon», con otro cantante, Alessio Mosti.
Conoció a los chicos de Labyrinth , que en aquel entonces se llamaba «Vision».
Fabio estuvo pensando en el concepto original de No Limits y cambió el nombre de la banda a «Labyrinth». Después de eso, la banda comenzó a trabajar en una demo titulada «Midnight Resistance» en 1993.
1993-94 (20-21 años)
Fabio grabó una maqueta con Labyrinth, con muchos conciertos. ¡Un año muy bueno para él!
Fabio terminó la escuela técnica con calificaciones promedio en 1993. Como él mismo dijo: «No me gusta mucho la escuela», así que se dedicaba principalmente a cantar.
Formó una banda con su buen amigo Carlo Andrea Magnani (más conocido como Olaf Thorsen ). Juntos crearon Labyrinth .
Dieron conciertos en muchos lugares de Italia, Fabio estaba lleno de energía y gritaba con mucha fuerza en los escenarios todo el tiempo.
Al principio su nombre artístico era Joe Terry, una curiosa combinación de los nombres de sus héroes favoritos de los videojuegos japoneses, pues consideraban necesario disimular sus raíces italianas. Su primer instrumento fue un micrófono Shure SM 58.

1995 (22 años)
Fabio grabó un EP con Labyrinth. Este EP, «Piece Of Time», se realizó antes del álbum «No Limits», a finales de 1995 (como una especie de sencillo del álbum). Contiene las canciones tituladas «Piece of Time», «In the Shade», «Call Me» y «Miles Away». Las líneas vocales y las letras fueron escritas por Fabio (excepto la letra de «Call Me», que fue escrita por Olaf).

1996 (23 años)
Se publicó el primer álbum con Labyrinth (¡pero inmediatamente después dejó la banda!). Fabio creó las voces para 10 canciones y las letras para 9, y junto con Olaf compuso el álbum » No Limits «. Sus letras se basaban principalmente en sus experiencias personales y sus emociones reales. Creó una especie de concepto. Todas las letras estaban conectadas en el álbum. (Y en el segundo álbum de la banda, » Return to the Heaven Denyed «, Olaf Thorsen completó la historia que Fabio había comenzado en «No Limits»).
Su estilo era bastante novedoso y especial, mezclado con elementos de thrash metal, rock progresivo, música pop eléctrica, etc. Fue el cantante de Labyrinth durante tres años y medio, y compartieron muchas cosas juntos.
Pero Fabio tuvo que dejar la banda porque los demás miembros no querían ocupar un lugar destacado en el mundo como una de las bandas de primera categoría, simplemente por las diferencias en sus visiones de futuro y por algunos problemas que Fabio tuvo con otros miembros.

1997 (24 años)
¡Primer encuentro con Rhapsody y primer álbum con la banda! Su nueva y brillante leyenda comenzó este año. Al mismo tiempo que formaba parte de Athena, inició su colaboración con Rhapsody, un joven grupo de Trieste, ahora famoso en todo el mundo por su power metal sinfónico .
Se dice que su colaboración se hizo realidad porque Sacha Peath (productor de los megaéxitos de Rhapsody) descubrió la excelencia de Fabio en «Piece of Time» para el primer álbum de Labyrinth.
Fabio fue convocado para grabar con Rhapsody en Gate Pathway Studio en Wolfsburg (Alemania). Como Fabio conoció a Luca y Alex por primera vez, les tomó tiempo conocerse. Cuando Fabio comenzó a cantar » Land of Immortals «, surgió una discusión entre ellos, pero se reconciliaron.
Poco a poco comprendieron su habilidad y personalidad, y su unión se fortaleció. Así, entre octubre de 1996 y junio de 1997, se completó la primera obra maestra, » Cuentos legendarios «, cuyo lanzamiento fue recibido con entusiasmo en octubre.

1998 (25 años)
¡Álbum con Athena y segundo álbum con Rhapsody! ¡Gran año!
Los chicos de Athena llamaron a Fabio, así que empezaron a trabajar en el segundo álbum de la banda «¿Una nueva religión? «.
Este álbum que Fabio grabó con Athena se publicó en 1998. Fabio escribió las letras y las voces de 10 canciones; sus letras estaban escritas con palabras «religiosas y filosóficas» y tenían la tendencia a reflejar profundos significados en su música.
Fabio y los miembros de Athena participaron en la gira de Axel Rudi Pell de 1998 en diciembre junto con Dreamscape , otra banda de metal progresivo de Alemania.
Pero después de eso, la banda decidió separarse con pesar debido a los cambios en sus estilos de vida personales.
Rhapsody cosechó un éxito sensacional con su primer álbum y comenzó a trabajar en el segundo, con mayor influencia de la música clásica , sonidos orquestales y elementos operísticos con coro. Fabio grabó Symphony of enchanted lands con ellos entre mayo y agosto, y el álbum se publicó en noviembre.
Poco antes, en octubre, se publicó el sencillo «Emerald Sword». La excelente voz de Fabio se desarrolló mucho más con los sonidos épicos de Rhapsody.

1999 (26 años)
¡Participación con Ayreon y primer álbum de Vision Divine !
Fabio volvió a colaborar con Olaf Thorsen en Vision Divine, junto con Rhapsody . Planeaban emprender muchos proyectos simplemente por su amistad recuperada. Grabaron el primer álbum, » Vision Divine «, en el estudio de Dave Rodgers (Romanore), donde Fabio grabó nueve líneas vocales y escribió la letra de una canción. El álbum se publicó en octubre.
Su música reflejaba su gusto por el hard rock puro de los 80, que tanto los influyó. Sus letras y temáticas incluyen pensamientos «divinos» que controlan la vida humana, con imágenes de ángeles o de Dios.
Fabio fue invitado como cantante al proyecto » Ayreon » de Arjen Anthony Lucassen , y grabó la canción «Through the wormhole» para el álbum Universal Migrator Part 2: Flight of the Migrator . Su expresiva voz describió eficazmente la atmósfera emocionante y mística con un estilo particular de rock progresivo.

2000 (27 años)
¡Muchos conciertos con Rhapsody y el tercer álbum con la banda!
La exitosa carrera de Fabio con Rhapsody continuó; su tercer álbum, Dawn of Victory, fue grabado en Alemania entre junio y agosto. Su estilo vocal se volvió más agresivo y potente, con un énfasis en el power metal. Esta voz enérgica resultó especialmente efectiva en sus conciertos.
Fabio se unió a Rhapsody para acompañar a Stratovarius y Sonata Arctica en una exitosa gira europea (Suecia, Noruega, Dinamarca, Hungría, Alemania, Bélgica, Holanda, Austria, Italia, Suiza, Francia, España y Portugal) en abril y mayo. En agosto tuvieron la oportunidad de participar en el Festival al Aire Libre de Wacken 2000 en Alemania.
En julio asistió al Festival Rock Machina en España y viajó con Vision Divine en la gira sudamericana (México, Panamá, Brasil, Chile y Argentina) en noviembre y diciembre.
Este año, varias bandas, entre ellas Rhapsody y Vision Divine, participaron en el álbum tributo a Helloween , «The Keepers of Jericho». Fabio cantó dos canciones en este álbum: «Guardians» con Rhapsody y «Eagle fly free» con Vision Divine.
Su primer tema de eurobeat , «Eye of the tiger» («Super Eurobeat vol. 101»), también se publicó en Japón. Su nombre artístico para el proyecto de eurobeat era J. Strom, derivado de Joey Tempest . Publicó 11 canciones de eurobeat hasta 2003.

2001 (28 años)
Muchos conciertos, próximo álbum con Rhapsody. Un año muy extraño y un poco triste para él.
Entre abril y agosto grabó el álbum Rain of a Thousand Flames con Rhapsody en Alemania, y se lanzó en diciembre. El álbum contenía algunas canciones largas de más de 10 minutos o temas de power metal rápidos, por lo que requerían tanta energía como un álbum normal.
Fabio actuó con Rhapsody en el festival Gods of Metal de Milán en junio de 2001, durante la gira sudamericana (México, Colombia, Brasil y Chile) y en el festival Rock Machina de España en julio.
Al mismo tiempo, cantó con Vision Divine en dos conciertos en Italia en mayo y en la Festa dell’unit Suzzara (Mantua) en agosto.
Posteriormente, Fabio grabó su cuarto álbum, Power of the dragonflame, con Rhapsody en un estudio de Alemania durante noviembre y diciembre. Experimentó con diversos estilos vocales, desde la voz agresiva/death hasta el estilo operístico perfecto en «Lamento Eroico», lo que le brindó una excelente oportunidad para desarrollar sus habilidades como vocalista talentoso.

2002 (29 años)
¡Nuevo álbum de Vision Divine ! ¡Y nuevo álbum de Rhapsody ! (¡De gira muy pronto!) En enero se publicó el segundo álbum de Vision Divine, Send me an angel (grabado en Rodgers Studio en mayo de 2001). Fabio compuso ocho líneas vocales para este álbum, cuyas expresiones se volvieron más serias y profundas, acercándose a la realidad de la divinidad y la humanidad con sonidos progresivos y potentes.
Y en febrero se lanzó el álbum Beto Vázquez Infinity , que incluye la canción «La batalla del pasado», en la que Fabio participó como vocalista invitado para el proyecto Beto Vázquez Infinity . Su voz heroica encajó a la perfección con esta valiente canción.
Rhapsody publicó Power of the Dragonflame en marzo y, sorprendentemente, escaló posiciones en las listas de éxitos de varios países. Junto con su creciente fama a nivel mundial, la magnífica voz de Fabio llegó a ser reconocida como «La Voz del Metal Italiano».
Fabio emprendió la primera gira como cabeza de cartel de Rhapsody (Alemania, Francia, Italia, España, Holanda, Bélgica, Suiza, Japón y Corea) y se unió a los festivales de verano en Europa: Bang your head!!! Festival (Alemania) con Rhapsody , Wacken Open Air Festival 2002 en Alemania y «Z7» en Pratteln, Suiza con Vision Divine .
Luego grabó 4 canciones demo con Vision Divine en noviembre y actuó en una gira por Italia en diciembre.

2003 (30 años)
Fabio asistió a los grandes conciertos de Vision Divine en Gods of Metal 2003 (Milán) y en el Heineken Jammin’ Festival (Imola) en junio.
En agosto, comenzó a grabar el quinto álbum con Rhapsody en Alemania. Añadiendo nuevos arreglos a su música, el proceso de producción principal se extendió desde octubre hasta noviembre. Fabio se esforzó al máximo junto a los miembros de Rhapsody para esta nueva obra maestra.
Pero finalmente le fue imposible grabar con Vision Divine hasta que finalizara su contrato, por lo que se anunció que Fabio tenía que dejar Vision Divine en diciembre.
Les dio 6 nuevas líneas vocales y comenzaron a grabar el nuevo álbum, Stream of Consciousness, con Michele Luppi como nuevo cantante.
También pensó en dejar de cantar música eurobeat y decidió concentrarse en sus actividades con Rhapsody y en sus proyectos en solitario en un futuro próximo.

2004 (31 años)
Las partes vocales de Fabio estuvieron listas finalmente en febrero. Así, el nuevo álbum de Rhapsody , Symphony of Enchanted Lands parte II – The Dark Secret, quedó listo gracias a su esfuerzo. Fabio comentó: «Estoy seguro de que les gustará el nuevo álbum de Rhapsody; creo que representa un nuevo paso para nosotros. Utilicé un enfoque muy diferente en las canciones y realmente creo que será un gran álbum». Y sus palabras se hicieron realidad.
Comenzó a componer nuevas canciones para su primer álbum en solitario. Está pensando en dos canciones de ópera, tres de metal, dos baladas, algunas versiones ( de Queen o Scorpions ) y más. Sin embargo, esto podría cambiar según sus ideas. Fabio dijo que sería diferente a Rhapsody, sin duda un álbum de rock.
Fabio se unió a la gira promocional de Rhapsody para su nuevo álbum de julio a septiembre (Canadá, EE. UU., Alemania, Suecia, República Checa, Grecia, Reino Unido). En particular, el día del lanzamiento, el 27 de septiembre, tuvieron una fantástica sesión de firmas con Christopher Lee en Londres.
Y Fabio apareció con Rhapsody en un programa musical de televisión en Alemania en octubre. Ofreció una interpretación apasionada de la canción en vivo «Unholy Warcry». Fue una gran oportunidad para dar a conocer a Rhapsody y a Fabio.
Fabio, los miembros de Rhapsody y Christopher Lee grabaron » The Magic of The Wizard’s Dream » en cuatro idiomas ( inglés , italiano , francés y alemán ) desde finales de noviembre hasta principios de diciembre. Este esperado nuevo sencillo se lanzó a principios de 2005. Se espera que vuelva a cosechar un éxito rotundo.

2005 (32 años)
El maxi-single » The Magic Of The Wizard’s Dream » se lanzó el 29 de marzo, y las grandes habilidades vocales de Fabio quedaron demostradas en el perfecto dúo con Christopher Lee en las versiones en los 4 idiomas (inglés, italiano, francés y alemán).
El nuevo video de Rhapsody , «The Magic of The Wizard’s Dream», fue presentado finalmente en el foro oficial de Rhapsody el 31 de marzo. Los miembros de Rhapsody interpretan esta canción rodeados de hermosos paisajes naturales, y Fabio y el Sr. Lee armonizan magistralmente su mágico dúo junto a una orquesta de 40 músicos.
Fabio viajó a Alemania y participó en el programa «Willkommen bei Carmen Nebel » de la televisión alemana el 2 de abril. Fabio se esforzó al máximo por cantar «The Magic of The Wizard’s Dream» en alemán junto al Sr. Lee. Su pasión por la interpretación vocal, brillante y brillante, debió conmover profundamente al público alemán.
Hasta esta primavera, Fabio ha compuesto 6 canciones para su álbum en solitario, pero aún tiene que encontrar a los músicos adecuados para su proyecto o resolver algún otro problema. Se espera que su propio álbum, repleto de sus diversas posibilidades, vea la luz en el futuro. Será una gran sorpresa, y después de Athena, Labyrinth , Vision Divine y Rhapsody , ¡por fin llega el CD de Fabio Lione!
Fabio viajó al Nuevo Mundo con Rhapsody para su primera gira norteamericana del 2 al 19 de junio. Rhapsody y Fabio cautivaron a mucha gente en Estados Unidos y Canadá con la magia de su música y su voz excepcional. Ofrecieron 12 conciertos, y los mejores fueron en Canadá, según comentaron Fabio y los demás miembros. Entre las ciudades con conciertos programados se encuentran Cleveland, Winston Salem, Fort Lauderdale, Orlando, Atlanta, Charleston (cancelado), Baltimore, Buffalo (cancelado), Toronto, Quebec, Montreal, Filadelfia, Worcester y Nueva York.
En verano, Fabio y los miembros de Rhapsody se presentaron en Masters of Rock (del 15 al 17 de julio) y en Earthshaker Fest (del 21 al 23 de julio). Fabio interpretó con valentía temas como «Unholy Warcry», «Land of Immortals», «Emerald Sword» y otros temas de power metal. En particular, » The Magic of The Wizard’s Dream » y «Lamento Eroico» fueron interpretadas magistralmente con la voz pura y profunda de Fabio.
Su voz transportó a todos a sueños de pleno verano. El 9 de octubre, Fabio celebró su 32º cumpleaños. Sus fans le enviaron muchísimos mensajes de felicitación y le desearon un gran éxito y mucha felicidad. Le dedicaron su eterno respeto y cariño a este artista excepcional, con su preciosa voz, su talento musical y su cálida personalidad.
Fabio, Luca y Alex trabajaron juntos en el estudio del 24 al 29 de octubre para preparar sus nuevas actividades (y nuevamente prepararán un nuevo CD de Rhapsody a principios de 2006, antes de sus presentaciones en vivo de ese año). La noticia confirmada sobre el primer álbum en vivo de Rhapsody se anunció oficialmente el 28 de noviembre. » Live In Canada 2005 – The Dark Secret » se confirmó para su lanzamiento el 23 de enero de 2006. El público quedará nuevamente impresionado por el exitoso concierto grabado en el Albert-Rousseau Arena de Quebec, Canadá, el 13 de junio de 2005.
Fabio está listo para el próximo 2006, repleto de presentaciones en vivo y nuevas creaciones con Rhapsody. Su voz celestial resonará en el cielo infinito, sus alas musicales se extenderán por todo el mundo y su alma apasionada brillará con mayor esplendor bajo el sol dorado.
Debido a problemas de derechos de autor, la banda cambió oficialmente su nombre a Rhapsody of Fire . Bajo el sello Nuclear Blast , lanzaron dos álbumes más y un EP, realizaron una gira mundial y participaron en numerosos festivales.
Triumph or Agony se publicó en 2006, seguido de The Frozen Tears of Angels en 2010 y From Chaos to Eternity en 2011. Rhapsody of Fire , con Fabio al frente, regresó al estudio sin su guitarrista y miembro fundador de larga trayectoria, Luca Turilli , para grabar un nuevo álbum, Dark Wings of Steel . El álbum se publicó en 2013.
El 28 de mayo de 2008 se anunció el regreso de Fabio en Vision Divine con el que, en 2009, grabaron el CD » 9 Degrees West Of The Moon «. La banda luego hizo muchas fechas para promocionar el CD. En 2012, bajo Edel / Ear music , grabaron «Destination Set To Nowhere «, el nuevo CD de la banda que recibió críticas entusiastas, excelentes críticas y fue considerado como probablemente el mejor trabajo de la banda hasta la fecha. Junto a la versión normal del CD la banda también lanzó una versión limitada con un doble CD, una especie de «Grandes éxitos» resonante y reversionado con viejas canciones de la banda con una versión, «Gutter Ballet» de Savatage .

Kamelot 2010 (37 años)
El 6 de septiembre de 2010, Kamelot anunció que Roy Khan había enfermado gravemente durante los ensayos para la próxima gira norteamericana, pocos días antes de su inicio programado, y había regresado a Noruega. Si bien inicialmente se informó que la banda continuaría la gira con el vocalista noruego Michael Eriksen de Circus Maximus en lugar de Roy Khan, la banda luego anunció que pospondría la gira con Roy Khan,
aunque se realizó un espectáculo con Michael Eriksen en el festival ProgPower USA XI en Atlanta, Georgia, el 10 de septiembre de 2010. Sin embargo, el 16 de diciembre, debido a la persistente enfermedad de Khan, se anunció que Fabio reemplazaría a Roy para las fechas restantes y reprogramadas del Pandemonium en Latinoamérica,
Giras por Europa y Norteamérica en 2011, y posteriormente el crucero «70,000 Tons of Metal» en 2012. Otros cantantes invitados aparecieron en algunos conciertos, como Simone Simons, quien interpretó » The Haunting » y » Don’t You Cry » junto con Fabio.

Angra 2013 (40 años)
Fabio fue invitado como vocalista por la banda brasileña de power metal Angra al festival “70000 Tons of Metal” 2013. La banda se encontraba sin vocalista tras la salida de Edu Falaschi. Los dos conciertos que ofreció junto al cantante italiano fueron un éxito y la banda brasileña se consolidó como una de las más aclamadas del festival . La colaboración continuó el 14 de abril de 2013, cuando Fabio participó con la banda en el Live N’Louder Festival, junto a Twisted Sister, Loudness y Metal Church, en São Paulo, Brasil.
A finales de julio/agosto de 2013 realizó una gira conmemorativa por Sudamérica. La banda celebró el vigésimo aniversario del lanzamiento de su primer álbum, Angels Cry , con 11 conciertos y grabó un DVD en el último concierto en São Paulo el 25 de agosto. El 19 de octubre, la banda compartió cartel en el renombrado festival japonés Loud Park 13 , convirtiéndose en una de las bandas más aclamadas del festival junto con Europe . La gira conmemorativa continuó con otros 14 conciertos en Sudamérica y 4 en Europa, donde la banda se presentó el 22 de junio de 2014 en Hellfest en Francia.
En compañía de bandas como Black Sabbath, Soundgarden, Aerosmith , etc. Poco después, en Suecia, comenzaron a grabar para el nuevo CD de Angra, Secret Garden, el primero con Fabio.

Eurobeat 2000-2005/2013
La primera canción de Eurobeat de Fabio, Eye of the Tiger, se lanzó en Japón en el año 2000. Su nombre para el proyecto de Eurobeat era «J. Storm», derivado de Joey Tempest. ( Europa ) Publicó trece canciones de Eurobeat (lista enlazada en la página de All Music) bajo este nombre entre 2000 y 2005 y declaró que no volvería a componer Eurobeat en el futuro. Sin embargo, a finales de 2013 lanzó una nueva canción titulada «Dancing into fire». Una de sus canciones, «Dancing in My Dreams», también se utilizó en Initial D Battle Stage.

Eternal Idol – Undécimo álbum de Rhapsody of Fire, 2016 (43 años)
En 2016, Fabio fundó Eternal Idol junto con el guitarrista Nick Savio.
La banda surgió como proyecto independiente de Hollow Haze, donde Fabio colaboró en el álbum «Countdown To Revenge».
En este álbum, Fabio también se encarga de la mayoría de las letras y las voces.
En 2021 se lanzó un nuevo segundo álbum. «Reinassance» tuvo una excelente acogida tanto por la prensa como por los fans, especialmente en el extranjero.
En 2016, Rhapsody of Fire lanzó el álbum Into the Legend . Tras una breve gira de promoción, Fabio anunció el 28 de septiembre su salida de la banda. De abril de 2017 a marzo de 2018, se unió a Luca Turilli y sus antiguos compañeros para recorrer el mundo como Rhapsody Reunion en la gira de despedida del 20.º aniversario.

Lione Conti 2018 (45 años)
En 2018, Frontiers Records publicó el álbum de estudio Lione/Conti .
Un proyecto de estudio junto con el cantante de Luca Turilli’s Rhapsody, Alessandro Conti (Trick or Treat , Twilight Force).
El proyecto fue concebido por el presidente de Frontiers, Serafino Perugino, quien deseaba crear una versión italiana de la colaboración entre Allen y Lande dentro del sello discográfico. El álbum fue escrito y producido por Simone Mularoni (DGM).

Turilli / Lione Rhapsody 2019 (46 años)
En 2019, Fabio se unió a la nueva encarnación de Rhapsody, Turilli/Lione Rhapsody . Mientras Fabio seguía de gira con Angra , Luca se dedicaba a componer el nuevo álbum. Luca se encerró durante tres meses y finalmente lanzó un nuevo CD. El 28 de junio de 2019, se publicó su primer y último álbum, Zero Gravity (Rebirth and Evolution) .
Mientras estaban de gira por Sudamérica, estalló la pandemia de coronavirus y tuvieron que cancelarla y regresar a Italia. Tras la pandemia, retomaron la gira en 2023. Al finalizarla, disolvieron la banda y cada uno siguió su camino. Luca se centró en su primer álbum de piano y Fabio continuó con Angra.

Spirits of Fire 2021 (48 años)
Fabio fue anunciado el 8 de diciembre de 2021 como el nuevo cantante del supergrupo Spirits of Fire , cuyo segundo álbum, “Embrace The Unknown”, fue lanzado el 28 de febrero de 2022 a través de Frontiers Records.

Angra 2023 (50 años)
La banda anunció que su décimo álbum, «Cycles of Pain», se lanzará el 1 de noviembre de 2023 en Japón y el 3 de noviembre en el resto del mundo. Es su primer álbum lanzado bajo el nombre de Atomic Fire .
El 2 de septiembre de 2024, Angra anunció que se tomarían un descanso de las giras y las grabaciones tras finalizar la gira de celebración del 20 aniversario de su álbum Temple of Shadows en marzo de 2025.

Dawn of Victory / Fabio Lione en 2025 (52 años)
Después de eso, Fabio sale de gira con la banda Dawn of Victory, interpretando temas de Rhapsody of Fire. Dawn of Victory es un proyecto donde Fabio Lione revisita la época clásica de Rhapsody con sus antiguos compañeros Alex Holzwarth, Patrice Guers, Dominique Leurquin y Justin Hombach, guitarrista de Eternity’s End. Con Dawn of Victory, Fabio sube al escenario con un repertorio especial de Rhapsody al estilo clásico, que sin duda deleitará a todos los fans de esta legendaria banda.

Fabio Lione solista 2026.
El mes pasado, Fabio se presentó en Sao Paulo Brasil, junto a Angra, en un concierto «Reunión» con los ex integrantes de la banda, y también arrancó su gira nuevamente en febrero por ciudades de Brasil, Chile, Argentina, Honduras, Nicaragua, Costa Rica, Italia, volviendo a Argentina en donde continúa su gira actualmente para llegar a Asunción. La historia recién comienza… y la primera parte de la gira por Sudamérica termina en Voudevil este sábado, la banda apertura que encenderán los motores para rugir y entrar en calor son los leones de Mythika. ¿y vos? ¿Te lo pensás perder?

Fuentes: Fabio’s Official Japanese Website, Jan Emperadors Metal Archives and Lataparara Radio Online.
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Dream Theater llevó demasiados músicos al puerto

Dream Theater llevó demasiados músicos al puerto

(Apuntes desordenados sobre metal progresivo frente al río Paraguay)

Por: Geté

 

 I. Fiebre antes del ruido

La tos venía con eco.

No era una tos cualquiera. Era de esas que parecen ensayar dentro del pecho, probando acústica en los pulmones como un sonidista desesperado antes de un festival. Bronquitis. Fiebre leve. Garganta destruida. Un estado físico incompatible con cualquier actividad racional, mucho más con tres horas de Dream Theater frente al río Paraguay.

Pero la racionalidad hacía rato que ya no formaba parte de esta decisión.

El problema era que la vida seguía ocurriendo igual.

Clases que preparar. Trabajos que corregir. Tesis que revisar. Lengua castellana, metodología,  proyectos. Explicar estructuras textuales mientras el cuerpo parecía redactado por Kafka después de una guardia médica en Luque.

Y en medio de eso, la vida doméstica. Llevar a Ára y Helena a sus actividades, controlar tareas, resolver pequeños incendios cotidianos, intentar conversar normalmente mientras la fiebre iba y venía como un bajista progresivo cambiando de compás sin avisar.

Sanie había viajado por trabajo y acordamos dejar a las niñas con los abuelos antes del concierto.  Yo apenas orbitaba alrededor del sistema intentando no colapsar.

Porque el concierto ya estaba ahí.No como evento sino como presencia real.

Una especie de ruido de fondo constante que aparecía incluso en momentos absurdos. Corrigiendo trabajos prácticos, por ejemplo, mientras un alumno confundía cohesión con coherencia y en mi cabeza sonaba automáticamente “Pull Me Under” como si John Petrucci hubiera decidido musicalizar la decadencia del sistema educativo paraguayo.

Y eso era lo peor. La música ya no me funcionaba como entretenimiento.Nunca lo hizo realmente.

Dream Theater operaba más bien como esas novelas excesivas que uno lee sabiendo que le van a desordenar algo internamente. Algo entre Borges, Roa Bastos y un ataque de ansiedad perfectamente ejecutado sobre una métrica imposible.

Había noches en que ciertas estructuras de la banda me hacían pensar en “Yo, el Supremo”. No por la dictadura, sino por la arquitectura mental, como voces internas discutiendo entre sí, ideas que se bifurcan, frases que parecen pelear por el control del relato. Como si algunas canciones estuvieran escritas por un filósofo paranoico encerrado con metrónomos defectuosos y amplificadores Mesa Boogie.

Y mientras más pensaba en eso, más ridículo resultaba intentar actuar como una persona normal.Porque afuera seguía el mundo cotidiano (clases, reuniones, oficina, mensajes pendientes) pero adentro ya había empezado otra cosa.Una especie de preparación involuntaria.

Como si el cerebro hubiera entrado lentamente en otro estado.

La tos seguía.

El cansancio también.

Pero debajo de todo eso había una ansiedad vieja, acumulada desde finales de los noventa, latiendo como una máquina escondida.

Y yo ya sabía que no había forma razonable de detenerla.

II.  La religión “drintiteriana”

Descubrí hace tiempo que hay bandas que uno escucha… y otras que reorganizan la manera en que uno entiende la música, el tiempo y hasta la paciencia humana.

Dream Theater pertenecía claramente al segundo grupo.

El culpable principal fue Richie Vidaurre, que en algún momento entre 1997 y 1998 empezó a evangelizarnos con un VHS gastado del concierto en Tokio de la gira de Images and Words. Richie no recomendaba discos; Richie operaba como miembro de una secta progresiva clandestina. Caía con el cassette debajo del brazo y esa mirada peligrosa de quien sabe que está a punto de arruinarte definitivamente la relación con la música convencional.

Y tenía razón.

Nos juntábamos a mirar ese VHS como si fuera material prohibido. Rebobinábamos partes específicas para intentar entender qué demonios estaba haciendo Mike Portnoy, por qué Petrucci parecía tocar seis guitarras simultáneamente o cómo una canción podía cambiar tantas veces de dirección sin desarmarse por completo.

No había estructuras cómodas. Salvo “Pull Me Under”, claro. Uf… Ese coro, “Pull me under, I’m not afraid”, se quedó alojado en mi cabeza durante casi treinta años como un inquilino ilegal. A veces, cuando menos uno lo espera, aparece solo, sin contexto, en momentos completamente inadecuados. Revisando un artículo, corrigiendo exámenes, comprando pan en la despensa, explicando conectores textuales.

Pero fuera de ese ancla relativamente accesible, lo demás era otra cosa.

Las canciones parecían desmontadas sobre una mesa quirúrgica y vueltas a ensamblar bajo leyes nuevas. Todo estaba al borde del colapso y, sin embargo, funcionaba. Ahí entendí que lo progresivo no era tocar mucho ni tocar rápido sino construir estructuras tan complejas que parecían caos para cualquiera que entrara tarde a la conversación.

Años después aparecióHugo “Halford” Peralta, otro responsable de profundizar el problema.

Hugo era más directo. Menos sacerdote, más traficante.

—Escuchá esto, viejo. Te va a hacer volar la cabeza —dijo.

Y me pasó una copia de “Six Degrees of Inner Turbulence”.

Todavía recuerdo el impacto físico de esos riffs. No sonaban humanos. Sonaban como si alguien hubiera interceptado transmisiones musicales de otra galaxia y decidido ecualizarlas en Paraguay. Me quedé paralizado. No metafóricamente. Literalmente quieto, procesando qué clase de enfermedad mental colectiva había llevado a cinco personas a construir algo así.

En paralelo, también se estaba armando Querubes, nuestro intento bastante optimista de acercarnos a ese universo. Helloween, Maiden, Angra… todo eso estaba ahí, pero Dream Theater había contaminado definitivamente la percepción de lo posible.

Ensayábamos obsesivamente. Discutíamos arreglos que probablemente nadie iba a notar. Intentábamos entender cómo construir canciones que respiraran distinto. Y en esas sesiones eternas también estaba Beto Barrios, entonces baterista de Querubes y hoy integrante de Tierra Adentro, sobreviviendo junto a nosotros aquellas maratones del VHS de Tokio como si fueran estudios teológicos.

Con el tiempo entendí que en Paraguay siempre existió una pequeña conspiración progresiva funcionando bajo la superficie. Si acaso el heavy metal en Paraguay, y creo que en toda América Latina, es underground, creo que el rock y el metal progresivo está más abajo que ese submundo.

Pensé mucho en eso durante el concierto.

En cómo esa necesidad extraña de complejidad ya aparecía décadas atrás en Pro Rock Ensamble y su disco Música para los perros, intentando hacer jazz rock sofisticado en un país que todavía estaba tratando de decidir qué hacer con las guitarras eléctricas. Pensé en esa línea invisible que conecta a esos pioneros con los VHS pirateados de Dream Theater, con bandas under ensayando frente a ventiladores moribundos, y con proyectos actuales como Nemesiz, donde Martín Fretes y Omar Valdez siguen sosteniendo la noble y completamente irracional idea de hacer metal progresivo en Paraguay.

Porque se necesita una fe bastante particular para insistir con eso.

Y quizá por eso el concierto no se sentía como una visita internacional más.

Se sentía como el punto de encuentro de una enfermedad compartida desde hace décadas.

 

III. Ceremonias mínimas

El día del concierto transcurrió con esa falsa normalidad que tienen las jornadas importantes. Afuera todo seguía funcionando igual (tránsito, calor, mensajes, horarios…) pero internamente ya había otra cosa avanzando, una especie de electricidad silenciosa que hacía imposible concentrarse del todo en actividades humanas básicas.

Llevé a las chicas al Centro Paraguayo Japonés y aproveché para cruzar hasta la barbería de Sergio “Checho” Agüero, ahí sobre Domingo Portillo.

La barbería de Checho funciona técnicamente como barbería, pero en la práctica es más bien un centro de investigación informal sobre música, fútbol, conspiraciones zoológicas y decadencia cultural contemporánea.

Entré.

Checho levantó la vista apenas.

—Hoy es el día, papaaa —dijo.

Asentí como quien confirma una operación quirúrgica delicada.

Me senté igual, aunque hace años que ya no tengo suficiente pelo como para justificar mis visitas frecuentes. Pero uno no va ahí por estética. Va por conversación. O por algo parecido.

Ese día, por ejemplo, estuvimos discutiendo durante varios minutos la existencia de las termitas escarlata del Chaco boreal, las hormigas espectrales del Pantanal profundo y unos escarabajos negros de una selva atlántica relicta que probablemente solo existen bajo determinados niveles de inspiración botánica no reconocidos oficialmente por la ciencia occidental.

Todo dicho con absoluta seriedad.

Y honestamente, en ciertos momentos, las teorías de Checho sobre insectos parecían bastante más coherentes que algunas reformas educativas recientes.

Cada tanto la conversación volvía al rock. A Querubes. Al campeonato del 53 del Sportivo Luqueño, tema que en Luque opera prácticamente como texto sagrado. Después otra vez a los insectos. Después a Dream Theater.

Ahí sí aparecía un pequeño silencio.

Porque había cosas que no necesitaban demasiada explicación.

—Man, vamos a ir temprano hina para hacer la previa —dijo Checho mientras acomodaba una máquina de cortar pelo que jamás terminó usando conmigo—. Hay que llegar bien.

Lo dijo acompañado de un guiño.

Ese pequeño gesto conspirativo que automáticamente me hizo pensar que él ya estaba psicológicamente instalado en el concierto desde hacía semanas. Posiblemente meses.

Me despedí. Recogí a las niñas del CPJ, las llevé a la casa de los abuelos y fui a casa a darme una ducha y volver.

La tos seguía ahí, aunque menos agresiva. Como si el cuerpo también hubiera entendido que ya no tenía sentido oponerse demasiado.

Abrí el ropero.

La remera negra con el “Majesty Symbol” apareció doblada como una reliquia menor del progresivo mundial. Ese símbolo siempre me produjo algo curioso, porque parece diseñado por alguien que leyó demasiada filosofía medieval y después decidió fundar una banda de metal.

Me la puse.

Y automáticamente sentí que el proceso ya estaba oficialmente activado.

A las 19:15 pasé por lo de Checho y pedimos un Bolt. El chofer nos miró por el retrovisor con esa mezcla de resignación y sospecha que suelen generar dos tipos vestidos de negro un martes por la noche.

Durante el trayecto casi no hablamos.

Asunción iba pasando por la ventana mientras empezaban a aparecer pequeños grupos con remeras de bandas, como señales de tránsito progresivas distribuidas por la ciudad.

Paramos en una estación de servicio.

Checho volvió con cervezas.

—Tomá —dijo.

Me negué.

—Estoy nio todavía medio fundido de la garganta.

No insistió. Al menos no verbalmente.

Minutos después, ya de vuelta en movimiento, me dejó la birra sobre las piernas.

—Tomá sique, boludo.

La frase tenía la contundencia filosófica de un aforismo estoico.

La abrí más adelante, caminando ya hacia la entrada del puerto, cuando sentí que el cuerpo estaba suficientemente caliente como para negociar una tregua temporal con la bronquitis.

Primer trago.

Y ahí entendí algo importante.

Ya no había retorno posible.

IV. La previa en el puerto

El Puerto de Asunción tenía esa noche un aire extraño, como si el río hubiera decidido participar también del concierto.

La brisa refrescaba lo justo. Nada dramático, pero suficiente para cortar un poco el calor acumulado del día y darle al ambiente una textura distinta. Caminábamos hacia la entrada entre grupos de gente vestidos de negro mientras el olor a comida callejera dominaba completamente el paisaje.

Y qué olor.

Lomitos, hamburguesas, panchos, carne chisporroteando sobre planchas agotadas por años de servicio público. El humo se mezclaba con el aire húmedo del río y producía una atmósfera bastante particular, algo entre festival internacional de metal progresivo y feria patronal gastronómica del bajo Asunción.

La gente ya estaba entrando en estado de concierto.

No completamente adentro todavía, pero tampoco afuera. Esa zona mental intermedia donde las conversaciones se vuelven más rápidas, las cervezas aparecen con mayor frecuencia y cualquier discusión sobre bandas termina adquiriendo tono filosófico.

Escuché pasar fragmentos de debates absurdamente específicos.

—No, pero la mejor etapa de Marillion era con Fish…

—Rush inventó todo esto…

—El problema del progresivo moderno es que nadie entiende el silencio…

Parecía un congreso internacional de personas incapaces de escuchar música normalmente.

Checho observaba los puestos como un explorador antropológico.

Había cerveza por todos lados. Algunas claramente experimentales. Otras probablemente ilegales en varios continentes. Por un momento pensé que íbamos a quedarnos ahí directamente, absorbidos por la previa.

Pero apareció la ansiedad.

Ese miedo irracional a perder aunque sea treinta segundos del inicio.

—Vamos a entrar —dije.

Asintió.

Seguimos caminando mientras el olor a comida seguía persiguiéndonos hasta el control de acceso. Ahí el paisaje cambió.

Afuera era caos funcional.

Adentro ya había estructura.

Puestos más organizados, iluminación más calculada, marcas visibles, filas intentando parecer civilizadas. Ahí aparecía un toldito de Sacramento como una especie de oasis artesanal dentro del predio, rodeado de gente intentando cargar combustible antes del inicio.

Checho miró hacia ahí con evidente conflicto interno.

Yo también lo pensé.Pero el cálculo era sencillo. Ir y volver significaba arriesgar canciones. Y esa noche las canciones valían más que cualquier cerveza artesanal del hemisferio sur.

Seguimos avanzando.

La multitud empezaba a compactarse frente al escenario todavía cubierto. Técnicos moviéndose de un lado a otro. Luces calibrándose. Ese lenguaje silencioso del backstage que indica que todo está por empezar.

Y entonces ocurrió algo completamente previsible.

Checho desapareció.

—Voy a ver qué consigo —dijo señalando hacia el toldito de Sacramento.

Asentí.

Error táctico.

En menos de diez segundos se había disuelto entre la gente como una entidad mitológica luqueña absorbida por el progresivo universal.

Me quedé solo.

Y curiosamente, funcionaba.

Porque había algo profundamente individual en todo esto. Uno podía cruzarse con amigos, músicos, conocidos, pero al final el vínculo con esa música terminaba ocurriendo en un espacio interno bastante difícil de compartir completamente.

Avancé hasta cerca de la cabina de sonido.

Buen lugar.

Desde ahí se veía todo, el escenario, las pantallas, los movimientos finales de los técnicos y esa masa de gente que lentamente dejaba de comportarse como público normal para transformarse en otra cosa.

Respiré hondo.

La tos volvió un instante, apenas para recordar que seguía existiendo.

Después miré alrededor.

Un tipo con remera vieja de Images and Words. Otro con una de Rush. Más allá alguien discutiendo sobre ELP como si estuviera defendiendo una tesis doctoral.

En medio de todo eso pensé algo bastante simple. Probablemente esta era la mayor concentración de personas capaces de disfrutar un solo de teclado de nueve minutos en varios kilómetros a la redonda.

La idea me hizo feliz de una manera completamente irracional.

Después las luces empezaron a bajar.

Y ahí terminó definitivamente el mundo exterior.

V.  Precisión quirúrgica

A las 21:00 exactas las luces cayeron.

Ni un minuto después.

Eso, en Paraguay, ya era una experiencia progresiva en sí misma.

El murmullo colectivo se apagó y el puerto entero pareció entrar en suspensión. Por un segundo quedó solamente ese ruido eléctrico previo a los grandes conciertos, una mezcla de ansiedad, cerveza y respiraciones sincronizadas.

Después apareció el primer pulso de “Metropolis”.

No hizo falta reconocer la canción racionalmente porque el cuerpo la identificó antes. Como cuando uno vuelve a una casa antigua y todavía recuerda dónde estaban los muebles aunque ya no existan.

Y ahí ocurrió algo importante.

Sentí una necesidad completamente irracional de beber.

No como antojo sino como mecanismo de supervivencia. Giré la cabeza justo cuando un vendedor atravesaba la multitud con una bandeja cargada de Bud 66.

—¡Cinco! —le dije automáticamente.

El tipo me miró con respeto profesional.

Dos latas fueron al bolsillo derecho de la campera. Dos al izquierdo. La quinta la abrí inmediatamente.

Primer trago.

Frío. Ligero. Perfectamente funcional.

Y ahí sí terminó de arrancar todo.

“Overture 1928” cayó encima del puerto como una maquinaria gigantesca ensamblándose en tiempo real. Las capas empezaban a abrirse, a superponerse, a desplazarse unas sobre otras con una precisión tan absurda que por momentos parecía directamente antinatural.

No había margen para distracciones.

Dream Theater exige atención completa. Es imposible escuchar eso de manera pasiva. La banda no te deja. Cada canción parece diseñada por ingenieros con problemas emocionales severos y formación clásica avanzada.

Después vino “Strange Déjà Vu”.

Y el título resultó peligrosamente exacto.

Porque eso era precisamente lo que estaba pasando, una especie de déjà vu expandido, donde el presente empezaba a mezclarse con todos los recuerdos acumulados alrededor de esa música. Los VHS gastados. Los ensayos de Querubes. Las discusiones eternas sobre cambios de compás. Las noches intentando entender cómo Mike Portnoy podía tocar así sin que el cuerpo humano colapsara.

Tomé otro trago.

La bronquitis ya no estaba al mando.

Entonces apareció Petrucci.

Y honestamente, verlo tocar en Paraguay produjo un fenómeno mental bastante extraño. Como el Aleph de Borges, su guitarra empezó a convocar simultáneamente a todos los grandes guitarristas posibles dentro de una sola imagen. Ahí estaban Agustín Barrios desmontando las limitaciones humanas con una mano imposible, Juan Cancio Barreto convirtiendo el requinto en una máquina de precisión sobrenatural, Berta Rojas haciendo respirar cada nota con elegancia quirúrgica, y hasta Kamba’i Echeverría haciendo ladrar perros y cacarear gallinas desde alguna dimensión folklórica donde la guitarra directamente dejó de obedecer las leyes normales.

Todo eso apareció junto.

Dentro de un solo riff.

Y después entró “The Mirror”.

Más pesado. Más directo. Pero incluso ahí, donde aparentemente el terreno era más simple, Dream Theater seguía desplazando la lógica normal del metal. Los acentos caían en lugares incómodos. Los cortes parecían discutir entre sí. Era como leer Yo, el Supremo musicalizado: estructuras internas peleando constantemente por el control del relato.

Tomé otro trago.

La multitud estaba completamente absorbida.

No había celulares levantados permanentemente. No había conversaciones inútiles. Había atención. Concentración casi física. Como si todos estuvieran intentando seguir el razonamiento interno de la banda para no quedarse atrás.

Entonces llegó “Panic Attack”.

Y el puerto explotó.

El nombre era demasiado preciso para lo que provocaba esa canción, porque daba ansiedad y sentías una presión inentendible. Sentí el pecho vibrar entero mientras Mike Portnoy convertía la batería en una discusión filosófica sobre el tiempo.

Y ahí pensé inevitablemente en Paraguay.

En Toti Morel y sus métricas imposibles. En Víctor Morel buscando ritmos donde una persona normal solo escucha caos. En Sebas Ramírez y toda esa generación under convencida de que tocar en 11/8 sigue siendo una buena decisión de vida.

Pensé también en Pedro, en Hernán Comas, en Maizal, en Beto sobreviviendo conmigo aquellas sesiones eternas del VHS de Tokio. Y por supuesto pensé en Checho, probablemente viviendo esa noche como un peregrino medieval viendo finalmente aparecer a su santo patrono.

Miré alrededor.

Había demasiada gente prestando atención real a solos larguísimos, cambios de compás innecesarios y estructuras musicales completamente desproporcionadas. Y lo más extraño era que nadie parecía confundido.

Afuera seguían existiendo semáforos rotos, reuniones laborales inútiles y problemas respiratorios serios. Pero adentro del puerto todo eso había dejado de importar temporalmente.

Y en medio de esa multitud se me cruzó una idea bastante incómoda.

Probablemente había demasiados músicos juntos dentro del predio y nadie parecía interesado en controlar esa “peligrosa” situación.

VI. A la deriva…

Después de “Panic Attack” el concierto entró en otra fase.

Ya no era solamente un recital. Era una especie de reorganización colectiva del sistema nervioso.

La cerveza empezó a circular con ritmo propio. Entre tema y tema aparecía automáticamente en la mano, como si el cuerpo hubiera desarrollado una técnica autónoma de abastecimiento alcohólico para sobrevivir a las métricas irregulares.

La garganta dolía menos. La fiebre parecía haberse retirado tácticamente. El cuerpo entero había aceptado que esa noche existían prioridades más importantes que la medicina tradicional.

Entonces empezaron a aparecer las caras.

Primero una.

Después otra.

Saludos rápidos, breves, casi telegráficos. Nadie quería perder tiempo hablando demasiado porque Dream Theater no da tregua (uno pestañea y ya cambiaron tres veces de tonalidad, dos de compás y probablemente modificaron la estructura emocional del hemisferio occidental).

Vi remeras de Marillion, de Kansas, Boston, Gentle Giant, Mr. Bungle, Meshuggah… En cualquier otro contexto, una concentración así de personas capaces de discutir seriamente sobre esas bandas habría requerido supervisión psiquiátrica especializada.

Pero ahí era completamente normal.

Y en medio de esa deriva reapareció Checho.

No vi de dónde salió. Simplemente volvió a materializarse cerca de la cabina de sonido con otra cerveza en la mano y expresión de felicidad espiritual avanzada.

A su lado estaba Pablo, bajista de Querubes.

Nos saludamos rápido, sin demasiadas palabras.Porque hay conciertos donde hablar resulta casi ofensivo.

Más atrás aparecieron también Pedro y Edgar.

Y ahí el panorama adquirió otra dimensión.

Pedro, baterista de Dr. Rock, hoy retirado de la urología pero no del rock progresivo, observaba el escenario con la concentración exacta de un cirujano viendo una operación particularmente compleja. La cabeza ligeramente inclinada, siguiendo cada acento de Mike Portnoy como si estuviera verificando una sutura delicada dentro de un paciente rítmico críticamente inestable.

No era solamente disfrute.

Era diagnóstico.

Edgar, odontólogo y bajista de Dr. Rock, mantenía otra clase de atención. Más silenciosa. Más estructural. Seguía las líneas internas de la música como quien entiende que las verdaderas bases de cualquier sistema no son las que más se ven.

Nos quedamos cerca un rato.

No juntos del todo, porque más bien estuvimos orbitando dentro del mismo campo gravitacional sonoro. Pensé fugazmente que la música no necesariamente se comparte hablando sobre ella. A veces alcanza simplemente con respirar dentro de la misma estructura.

Eso me dio sed.

Tomé otro trago.

Miré hacia el escenario justo cuando Jordan Rudess empezaba a hacer cosas completamente ilegales sobre el teclado.

Y automáticamente pensé en todos los tecladistas under paraguayos condenados históricamente a transportar instrumentos monstruosos por escaleras imposibles, colectivos hostiles y escenarios sin retorno económico alguno.

Pensé especialmente en Christian Kettembeil, ex Querubes y actual tecladista de Dr. Rock, probablemente absorbido en primera fila viendo a Rudess manipular teclados como si estuviera intentando reprogramar el clima del planeta.

Ahí entendí otra cosa importante, y era que detrás de cada músico paraguayo obsesionado con el progresivo existe inevitablemente una cuota importante de sacrificio logístico, psicológico y económico que ninguna persona equilibrada aceptaría voluntariamente.

Y sin embargo seguimos apareciendo.

Años después.

Más cansados.

Más viejos.

Pero todavía ahí.

Escuchando estructuras imposibles frente al río Paraguay como si eso tuviera sentido práctico dentro del capitalismo contemporáneo.

Y quizás justamente por eso tenía sentido.

 

VII. Fracturas del tiempo

En algún momento el concierto dejó de avanzar normalmente.

Las canciones seguían un orden, claro, pero el tiempo ya funcionaba raro. Cada tema abría recuerdos distintos, como si Dream Theater hubiera encontrado la manera de convertir nostalgia en ruido perfectamente organizado.

“The Enemy Inside” empujó todo hacia adelante con esa tensión constante que la banda maneja mejor que nadie. Riffs enormes, cambios exactos y esa sensación permanente de que todo está a punto de romperse sin terminar de caer nunca.

Después apareció “Peruvian Skies”.Y ahí cambió el aire.

De golpe volvieron los ensayos, los amplificadores prestados y las tardes enteras discutiendo discos imposibles mientras afuera Paraguay seguía funcionando normalmente, completamente ajeno a nuestras preocupaciones sobre cambios de compás y canciones de veinte minutos.

Tomé otro trago.

La cerveza ya no tenía gusto. Tenía una función.

“As I Am” entró como una declaración directa dentro de una banda que normalmente prefiere desarmar canciones antes que simplificarlas. Y aun así seguían apareciendo detalles raros, pequeños movimientos internos que impedían relajarse completamente.

Dream Theater nunca deja descansar del todo.Y probablemente ahí está parte del problema.

Después llegó “In the Arms of Morpheus”. El puerto entero empezó a entrar en un estado raro, medio hipnótico. La multitud ya no parecía estar viendo un concierto. Parecía estar adentro de una estructura gigantesca construida con riffs, luces y cerveza.

“Nigth Terror” oscureció todavía más el ambiente. Ahí pensé otra vez en Augusto Roa Bastos y en esas estructuras donde varias voces parecen pelear simultáneamente por el control del relato.

Y en medio de todo eso estaba John Myung.Probablemente el bajista más silenciosamente aterrador que vi en mi vida.

No hacía gestos. No buscaba atención. Simplemente sostenía canciones imposibles con una tranquilidad que daba miedo. Parecía un monje zen especializado en métricas irregulares.

Después vino “A Broken Man”.

Y honestamente, había algo medio roto en todos nosotros esa noche. El cansancio, la edad, los trabajos, el cuerpo resistiendo como podía. Y aun así ahí seguíamos, perfectamente dispuestos a soportar tres horas de metal progresivo como si eso fuera médicamente aceptable.

“Midnight Messiah” volvió a levantar todo otra vez. Más épica, más velocidad, más capas.

Entonces apareció James LaBrie.Y terminé admirándolo por razones completamente distintas a las de los noventa. LaBrie ya no intentaba pelear contra el tiempo. Negociaba con él. Y eso era mucho más humano.

Cantaba con la dignidad de alguien que entendió hace años que ningún ser humano debería competir eternamente contra una versión grabada de sí mismo en 1992.

Después llegó “Bend the Clock”.Y ahí el tiempo terminó de romperse del todo.

Porque eso hacía Dream Theater, doblar el tiempo, estirarlo, volverlo raro. Diez minutos podían durar treinta segundos o media vida.

Pensé también en Rolando Chaparro y en esa obsesión paraguaya por llevar la música hacia lugares incómodos aunque no exista infraestructura, dinero ni salud mental suficiente para sostener esas decisiones.

Después apareció “The Shadow Man Incident”.Larga. Excesiva. Completamente desproporcionada pero poderosa. Porque Dream Theater entendía algo que gran parte del mundo moderno olvidó hace tiempo, y es que no todo tiene que simplificarse para justificar su existencia.

Entonces empezó “A Change of Seasons”.

Y todo encontró como un eje.

La canción parecía contener el concierto entero adentro. El paso del tiempo, los cambios, las pérdidas y esa persistencia absurda de ciertas pasiones que sobreviven incluso cuando el cuerpo ya empieza a protestar seriamente.

Me quedé quieto.Sin tomar.Solo escuchando.

Y ahí entendí (ya no sé cuántas cosas entendí esa noche) que uno no escucha Dream Theater para relajarse sino para recordar que todavía existen personas obsesionadas con hacer las cosas de la manera más complicada posible..

Y aun dentro del universo más intrincado e inexpugnable de la complejidad, quienes eligen habitar esas músicas, esas estructuras y esas obsesiones, creo que son personas bastante simples y básicas en su cotidianeidad, seres que viven una vida muy enriquecida internamente.

Porque si todavía somos capaces de maravillarnos frente a algo tan complejo, entonces también conservamos intacta la capacidad de emocionarnos con las cosas más pequeñas y sencillas de la vida.

 

VIII. Pull Me Under

Después de “A Change of Seasons” parecía difícil agregar algo más. La canción había dejado al puerto entero en una especie de suspensión emocional bastante complicada de explicar sin parecer miembro activo de una secta progresiva.

La banda salió unos minutos, pero nadie se movió realmente. Todos sabíamos que todavía faltaba el cierre.

Entonces volvieron.Y empezó “The Spirit Carries On”.

El clima cambió inmediatamente. Después de tanta complejidad, tanta velocidad y tanta arquitectura sonora, la canción apareció casi desnuda emocionalmente. Ya no había necesidad de demostrar virtuosismo ni de romper estructuras; el golpe venía por otro lado.

Miré alrededor.

Había gente cantando con los ojos cerrados. Otros simplemente permanecían quietos, procesando el concierto como podían. Incluso los más endurecidos por décadas de metal parecían haber bajado las defensas un momento.

Tomé el último trago de cerveza que me quedaba, más por ceremonia que por sed.

Y entonces llegó “Pull Me Under”.

El círculo completo.

Treinta años después, ese coro seguía funcionando exactamente igual dentro de mi cabeza:

“Pull me under, I’m not afraid…”

Lo canté sin exagerar demasiado, pero con esa claridad incómoda que producen ciertas cosas que llevan demasiado tiempo acompañándote. Y ahí entendí definitivamente que algunas músicas nunca envejecen porque están presentes siempre, siguen moviéndose adentro de uno mucho después de haberlas escuchado por primera vez.

“Sumérgeme, Sumérgeme, Sumérgeme, no tengo miedo”, repetía James LaBrie, y en realidad ya no hacía falta insistir demasiado. Todos nos habíamos sumergido hace años. En aquel VHS gastado de Images and Words. En las madrugadas rebobinando solos imposibles. En la obsesión medio ridícula por descubrir músicas nuevas, estructuras desconocidas y canciones que parecían demasiado complejas para funcionar dentro de una vida normal.

Nos habíamos sumergido en ensayos interminables, en discusiones absurdamente específicas sobre compases irregulares, en bares vacíos, en guitarras desafinadas por el calor paraguayo y en esa necesidad bastante inexplicable de buscar siempre algo más complicado, más raro, más grande.

Y quizás por eso el coro seguía pegando tan fuerte después de tantos años.

Porque ya no hablaba solamente de una canción.

Hablaba de todo lo demás.

Y entonces el tema terminó.

Sin excesos.

Sin grandes despedidas teatrales.

Simplemente terminó.

Por un segundo nadie reaccionó. Después volvió lentamente el mundo, la gente hablando, buscando salidas, reencontrándose, comentando fragmentos del setlist como si acabaran de sobrevivir juntos a un fenómeno climático técnicamente inexplicable.

Salí del predio con Pedro y Edgar. Caminamos entre la multitud todavía excitada, descendiendo lentamente desde ese estado mental donde los cambios de compás parecen completamente razonables.

En el camino nos cruzamos con José Russo, que había colaborado con Dr. Rock en aquel tributo a Pink Floyd. Lo saludamos rápido, todavía todos medio aturdidos por el concierto, como sobrevivientes de una experiencia demasiado larga para resumirla caminando entre puestos vacíos y vasos aplastados.

Seguimos hasta Colón y pedimos un Bolt.

Asunción ya había recuperado su normalidad habitual. Las luces dispersas, tránsito reducido, algunos grupos todavía comentando el concierto en las esquinas. El puerto quedaba atrás lentamente mientras la adrenalina empezaba a bajar y el cuerpo recordaba otra vez sus limitaciones originales.

Pasamos primero por la casa de Pedro.Nos despedimos ahí, con esa clase de cansancio satisfecho que aparece después de experiencias realmente intensas. Después el Bolt continuó hacia Luque.

Y ahí volvió la tos con todo.

Como si hubiera estado esperando pacientemente el final del concierto para recuperar el control del organismo. El pecho empezó otra vez con esa percusión bronquial desagradable que ninguna batería progresiva logra volver elegante.

Me apoyé contra el asiento.

Afuera la ciudad seguía avanzando normalmente, completamente indiferente al hecho de que Dream Theater acababa de tocar frente al río Paraguay mientras decenas de músicos paraguayos intentaban reorganizar internamente décadas de obsesiones progresivas.

Llegué a casa agotado.

Revisé el celular.

—¿Qué tal tu concierto? —había escrito Sanie.

Y ese “tu” me causó gracia. Sonaba a algo completamente personal, casi clandestino. Como si Dream Theater no fuera una banda sino una pequeña sociedad secreta de tipos cansados que todavía discuten cambios de compás, compran remeras negras innecesarias y creen sinceramente que un solo de teclado de nueve minutos puede justificar una noche entera frente al río Paraguay.

Me quedé mirando el mensaje unos segundos. Pensé en ella, en las niñas dormidas a esa hora, en lo rápido que pasan ciertas etapas sin que uno termine de darse cuenta. Hace no demasiado tiempo yo rebobinaba VHS de Dream Theater intentando entender cómo podían existir canciones así, y ahora volvía de un concierto pensando en horarios escolares, medicamentos para la tos y actividades de la oficina.

La vida avanza rápido, muy rápido.

Uno cree que las obsesiones cambian, pero en realidad solo aprenden a convivir con otras cosas, con los hijos, el trabajo, el cansancio, responsabilidades y cuerpos que ya no responden igual.

La garganta estaba destruida.

El cuerpo finalmente pasaba factura.

Pero también quedaba esa certeza extraña, difícil de explicar incluso ahora, de que algunas obsesiones nunca fueron una etapa pasajera, sino una forma de mirar el mundo y atravesar la vida.

Final del formulario

 

PH @jorgevegaph

 

 

 

 

 

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DREAM THEATER: El Teatro de los Sueños desembarca por primera vez en Paraguay: Un viaje de 40 años a orillas del río.

DREAM THEATER

ABRIL 28 / 2o26 – ASUNCIÓN/PARAGUAY

COBERTURA ESPECIAL DE RADIO LATAPARARA ONLINE

LA LLEGADA – LUNES 27

El lunes 27 de abril en el marco de la gira del 40° Aniversario (40th Anniversary World Tour 2024-2026), la historia del metal progresivo en nuestro país cambió para siempre. A las 15:30 horas aproximadamente, un avión privado aterrizaba en suelo Guaraní. Un devoto grupo de fans los esperaba en el aeropuerto con la ilusión a flor de piel, pero los dioses del metal progresivo salieron de incógnito, manteniendo en misterio su búnker de descanso. La cacería cibernética no se hizo esperar: los grupos de WhatsApp hervían debatiendo el posible setlist y compartiendo pistas, hasta que saltó la primera foto. El hotel Palma Roga, en el corazón del centro asunceno, era la fortaleza de la banda.

Fiel a su costumbre, el hechicero Jordan Rudess fue visualizado en su clásica caminata de reconocimiento por el centro histórico. Frente al hotel, unos pocos afortunados consiguieron lo más preciado, ver a 2 de los músicos, y el tan codiciado autógrafo (malditos suertudos), mientras que los que llegaron más tarde se tuvieron que conformar con ver a Jordan y a James LaBrie a través del cristal del lobby, sin perder jamás la esperanza ni la sonrisa durante el resto de la noche, sin éxito pero felices de que estén a metros de distancia. Un fan consiguió el regaño de James en la cena con Jordan y lo llevó como historia para contarla a sus nietos.

LA PREVIA DEL DIA DEL CONCIERTO – MARTES 28

La cacería arranco temprano con fans alojados en la fortaleza de Palma, esperando desayunar y almorzar en el mismísimo recinto, guiaban a los grupos de WhatsApp sobre los movimientos de la banda antes del concierto. Esta vez, lo que estuvieron cerca, si consiguieron los trofeos en fotos y autógrafos (malditos suertudos x2).

Llegadas las 19 horas, la euforia se trasladó al Puerto de Asunción. Los fanáticos, impacientes, se congregaban sabiendo que esa noche la rivera se transformaría en el tan esperado teatro de los sueños. El escenario era inmejorable: la imponente grúa histórica del puerto alzándose a un costado, la brisa del Río Paraguay y unas nubes que se entrelazaron para formar un mosaico nocturno verdaderamente único. La leyenda de que estos músicos son relojes suizos no fue un mito: a las 21 horas en punto,

 

EL CONCIERTO

Acto 1: La avalancha técnica

La cinta de introducción, “Psycho Theme”, y la caída del Kabuki desataron el éxtasis con «Metropolis – Part I: The Miracle and the Sleeper». Una apertura impresionante que sirvió para dejar en claro que la precisión de la banda sigue intacta. De ahí, sin darnos respiro, nos arrojaron a la nostalgia pura con la dupla de «Overture 1928» unida a «Strange Deja Vu», transportándonos directo a la época dorada del Scenes from a Memory.

La densidad se apoderó del puerto con «The Mirror», donde el groove pesado de Mike Portnoy y los riffs de John Petrucci hicieron retumbar el suelo, dando paso a la frenética «Panic Attack», impulsada por esa demencial línea de bajo introductoria de John Myung. Luego, la velocidad moderna de la lista se hizo presente con «The Enemy Inside», un despliegue de doble bombo y agresividad del Mister Mike Portnoy, el antiguo y nuevo integrante fundador de la banda.

Pero uno de los momentos más sublimes de este primer bloque llegó con «Peruvian Skies». La banda no solo ejecutó esta joya noventera, sino que en un jam magistral insertaron una pequeña y afilada parte de «On the Backs of Angels». Nos regalaron un puente emotivo con acordes de «Wish You Were Here» de Pink Floyd y «Wherever I May Room» de Metallica. Todo esto, envuelto en un deslumbrante juego de luces, característico de la icónica gira Pulse (Pink Floyd) que, atravesando las densas columnas de humo, generaba una sensación de espacialidad única, como si estuviéramos flotando sobre el río. El cierre del Acto 1 fue una patada al pecho: «As I Am», un himno pesado que hizo cabecear hasta al más estático de los presentes.

 

 

El Interludio: Tratando de asimilar el golpe

Llegó una necesaria pausa entre el primer y segundo acto. En el público se respiraba incredulidad; la gente se miraba sin poder entender todavía el tren de carga sonoro que les acababa de pasar por encima de las cabezas.

 

Acto 2: La inmersión en Parasomnia y el viaje por las estaciones

Las pantallas cobraron vida anunciando el segundo acto. La banda decidió volcarse casi de lleno a su nuevo disco, Parasomnia. Al notar que al transcurrir los temas del disco omitieron sorpresivamente «Dead Asleep» y «Are We Dreaming?», las sonrisas cómplices brotaron entre los fans más analíticos: estaba confirmado, íbamos a presenciar el aclamado LATAM – SET C (Modificado para algunos).

 

Abrieron la sesión con la inmensa «In the Arms of Morpheus» pegada directamente a «Night Terror», demostrando que el material nuevo tiene la misma complejidad y oscuridad cinematográfica que sus obras clásicas. Bajaron un poco la agresividad con «A Broken Man», dejando que James LaBrie brillara con una interpretación cargada de melancolía y dramatismo.

La genialidad instrumental tomó el control con la dupla «Midnight Messiah» y «Bend The Clock», donde el mago Rudess hizo de las suyas, comandando una sección de amalgamas rítmicas que desafían la lógica humana. Y entonces, llegó la monstruosidad de la noche: «The Shadow Man Incident». Casi 20 minutos de progresivo puro, una epopeya que pasó por todos los climas posibles.

 

¿Cansados? Para nada. Casi al terminar la nueva propuesta del último disco, y literalmente sin despeinarse, engranaron las maquinarias para pasearse por todas las estaciones durante 23 minutos más con la obra cumbre «A Change of Seasons». Una ejecución magistral, impecable, que dejó en evidencia por qué son los reyes indiscutibles del género.

El Encore: El espíritu, el tren y el abismo

El tren seguía atropellando a los fans con su virtuosismo, pero de repente, bajaron las revoluciones a cero. El puerto entero se iluminó, no por las luces del escenario, sino por las linternas de los teléfonos móviles. Era el momento de «The Spirit Carries On», el infaltable himno al alma. Fue un instante mágico, un espacio para recordar el espíritu de todos aquellos que alguna vez estuvieron con nosotros. La banda demostró que, así como son un tren bala imparable, pueden mutar a un paseo acústico, tranquilo y profundamente emotivo en menos de 10 segundos.

 

A punto de dar las doce de la noche, casi culminando las 3 horas de espectáculo, sonó ese acorde limpio que todos conocen. «Pull Me Under» cerró la velada. La particularidad de este tema en vivo es innegable: es la génesis de su éxito, con más de 90 millones de reproducciones en plataformas digitales de música a la fecha , la canción que condensa su esencia más noventera y cruda. Su energía inagotable y ese cierre abrupto que siempre te deja conteniendo la respiración fueron el broche de oro para una noche perfecta.

 

EL FINAL

Llegó la medianoche y el hechizo se rompió, pero la marca quedó tatuada en mas de 3000 personas. Ver a Dream Theater en tu propio país, respirando tu mismo aire, a orillas de tu río, es una experiencia más allá de lo musical. Es ver a cinco genios que, tras cuatro décadas de carrera, siguen empujando los límites anatómicos y creativos de lo que se puede hacer con un instrumento. Para Paraguay fue la graduación definitiva en el mapa del metal progresivo mundial. El Teatro de los Sueños por fin abrió sus puertas en Asunción, y la espera de 40 años valió cada maldito segundo.

Desde Radio Lataparara, queremos dar un agradecimiento especial a G5Pro por apostar al metal de este calibre y traer producciones de primer nivel a suelo paraguayo.

 

 

Salud Fans de DT de Paraguay!, The Spirit Carries On…

 

Dani V.

RADIO LATAPARARA

Rock y algo más..

 

Fotos: Producción G5pro

@dannonnina

@jorgevegaph

@sool_acuna

@facugarayo_

@dreamtheaterofficial

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VILLA ROCK 2026 : La trigésima primera edición

 

La trigésima primera edición de Villa Rock, celebrada el miércoles 1 de abril en Rock and Chopp y considerada de interés cultural por parte de la Municipalidad de Villarrica, consolidó una vez más al festival como uno de los pilares del rock en el interior del país.

La difícil tarea de romper el hielo le tocó a la joven agrupación EUFONÍA que irrumpió con una sutil instrumental creando esa atmósfera de expectación y poder; con arreglos cuidadoso  pintaron al detalle  lo que se venía más adelante; elegante y enérgica presentación que dio trabajo extra a los encargados de boletería porque, por acá pues, nosotros escuchamos desde afuera.

Un conocido de la casa, Gustavo Sánchez-Haase se puso la capa y se convirtió en ONE-MAN BAND para traernos una propuesta minimalista y efectiva; se sumó el segundo en la ecuación y se completó así la presentación anunciada: TWO-MAN BAND, dos músicos y una química impecable para llenar el espacio con blues-rock crudo y auténtico; quién necesita una filarmónica cuando se tiene a dos genios en escena?

Llegó el turno de una banda ficticia creada por “el teniente” que se hizo realidad en la tarima de Villa Rock: TENIENTES entró en escena con un derroche de fuerza y crudeza sónica invitando a mover las cabezas y dejar bien claro su calidad de banda tributo a dos almas que dieron vida a la escena del rock y el metal guaireño; seguro quedaron tan satisfechos como el público en “general”.

Una pequeña pausa para la declaración municipal, algunas palabras de los exponentes de la vieja escuela y protagonistas del nacimiento de Villa Rock allá por 1995 y los primeros sonidos de KILLER QUEENS que, como el año pasado, aportó su cuota de frescura y actitud, con un sonido contundente que invitó nuevamente a los asistentes a sumergirse en los compases bien marcados de clásicos y propuestas nuevas; el público quería más pero la dictadura del tiempo fue cruel.

Cnel. Oviedo nuevamente bien representada en escena, CRIMSON STEREO  se presentó sumando capas progresivas, melódicas y envolventes, con sonido afilado y mucha energía escénica, conectó de inmediato con los más jóvenes presentes haciendo temblar el recinto que quedó pequeño ante tanta afluencia.

Luego del vendaval de adrenalina era momento de la dosis exacta de dopamina administrada con los acordes matemáticos del último material de ENCRUCIJADA puestas en escena, ejecutadas con calidad, técnica y precisión; riffs potentes y una presencia escénica que equilibraba la grilla entre experiencia y propuestas de nueva generación; luego de unas canciones que invitaban al trago y a la reflexión metieron quinta y de vuelta todo el público a vibrar.

Personalmente, uno de los más esperados de la noche gracias a sus hits en Radio Lata Parará, NORTON 52 entró a escena con pulso alto y demoledor, con un set compacto y directo donde su potencia instrumental y presencia vocal se impuso sin necesidad de artificios confirmando su lugar entre las bandas locales más consistentes con una presencia escénica arrolladora; de vuelta, la tiranía temporal nos impidió escuchar y vibrar más.

MOMBYRY GUIVE, cómo explicar esta presentación en vivo… veamos… en la vida cotidiana son Bruce Banner pero se convierten en Hulk cuando desde lejos vienen a conquistar el entablado; en un momento determinado la ira sónica del vocalista posa su mirada en el público mientras escupía su furia al son de su música y, sinceramente, uno no sabía si salir corriendo o, estoicamente, seguir allí rompiendo; hicieron vibrar Villa Rock interpretando temas propios demostrando que es una banda que llegó al público que coreaba los estribillos de sus himnos cerrando su repertorio con un clásico.

Entregada la posta por este servidor sube al escenario ROCK DEALER, el Power Trío liderado por Cabañita que participaron por segunda vez en el Villa Rock interpretando temas propios que hablan de la realidad social, cerrando con un clásico de la renga, El Rebelde; potencia y carisma escénica que instó al público a pedir más.

RUIDO ASTEROIDE, un proyecto indie interpretando clásicos de la música de ese género más un tema propio; una vez más el proyecto Indie demuestra que tiene su público fiel que vibraron y cantaron todos los temas de esta banda.

ROTTEM BAND, Desde  la ciudad del hechizo Caazapá demostró  que es una banda convocante con un público que esperó hasta el cierre para verlos; interpretaron clásicos del rock en Español y cerró el Villa Rock 2026 dejando a un público pidiendo más, rompiéndose finalmente los treinta minutos por banda y duplicando el deseo de los asistentes de que el festival aún no acabara.

Con esta edición 2026, Villa Rock ratificó su compromiso con la escena musical local y regional, demostrando que el rock del interior no solo resiste, sino que se renueva con autoridad, emoción y sentido de pertenencia. Queda la expectativa por las sorpresas que traerá la próxima edición. Hasta entonces, el rock sigue vivo en Villarrica.

Por:  Arturo Bogado

Ph:  Arnaldo Espinola

 

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Adiós a FERKY, sinónimo de rebeldía y hermandad

Estuve pensando qué escribir sobre Ferky.

Y la verdad es que cuesta… porque hay demasiado para contar y uno no sabe por dónde empezar. Muchos lo conocieron en un solo ámbito, pero lo cierto es que dejó huellas en muchos lugares de esta vida, o este viaje, como cada uno quiera llamarlo.

Para Ferky, la música no era solo un escape. Era una forma de plantarse, de decir “acá estoy yo, acá estamos nosotros”. Los que no seguimos moldes, los que no encajamos en etiquetas, los que no vivimos según lo que suena en la radio o los que no hacemos lo que la sociedad espera de nosotros.

Era parte de una generación que encontró en el heavy metal un refugio, pero también una forma de entender que la rebeldía no es solo estética sino también es política, también es compromiso.

En los finales de los años 90 Ferky ya estaba militando en el Movimiento de Objeción de Conciencia (MOC), desde sus inicios.

Eso dice mucho. No era solo actitud, era coherencia. Sí, esa coherencia que cada uno conoció de Ferky él lo forjó con disciplina y compromiso porque ya se organizaba con otros jóvenes para modificar a través de la acción la realidad que nos duele, nos molesta y nos rebela. Era alguien comprometido con su país, con los derechos humanos, con una forma de vivir que no se negocia.

Como gestor cultural, dejó un legado enorme, aunque probablemente nunca sea del todo reconocido. Primero, porque nunca lo buscó. Y segundo, porque eligió el lugar más difícil donde desarrollar su tarea, que es lo que podríamos denominar el fondo de los fondos, o de los bajos fondos del underground. Ese espacio donde no importan el dinero ni las modas, sino la amistad, la camaradería, la hermandad headbanger.

Ahí estaba él. Siempre.

Fue organizador y productor de innumerables conciertos y festivales con su querida «Metal Aliance», sosteniendo una escena que existe gracias a personas como él. Siempre apoyando, siempre presente, siempre empujando.

También era un oyente fiel de LATAPARARA. Siempre estaba atento, enviando mensajes, apoyando cada programa, acompañando desde “el otro lado”, porque Ferky era así, ocupaba todos los espacios del underground, incluyendo este proyecto que tiene impregnado su espíritu de divulgación de la cultura del rock y el metal.

Sus amigos lo recuerdan como un melómano total, amante del rock y el heavy metal, pero también como alguien que sabía dar ánimo, que transmitía tranquilidad, que estaba ahí cuando hacía falta. Un tipo positivo, incluso en los momentos difíciles.

Ferky siempre decía que uno debe hacer lo que uno quiere porque la vida es efímera.

Y él vivió así.

Su última presentación fue el domingo 18 de enero, con su banda BLUESTONE, en el PENTAMUSIC FEST. Subió al escenario como siempre, descontracturado, con su botella de Red Label, con esa voz rasposa que parecía el rugido de algo indomable.

Porque él era eso, indomable, rebelde, auténtico hasta los huesos. Siempre desafiando las formas, siempre incomodando a una sociedad que muchas veces prefiere la superficialidad.

 

De ese día recuerdo una anécdota muy simple, pero que hoy me quedó grabada. Nos cruzamos cuando él subía al escenario y yo bajaba, después de tocar en un homenaje a Chester Swann en el mismo “PENTA”. Me dijo: “No había admirado tanto como hoy la letra de ‘Yo no me arrastro». Qué loco estaba este Chester”.

Qué ironía. Porque esa canción parecía escrita para Ferky.

 

SIGAN ARRASTRÁNDOSE (CHESTER SWANN)

 

Voy caminando en la madrugada

Por esas calles de la ciudad

Me encuentro solo, estoy reventado

No tengo un mango para morfar

 

Melena al viento, guitarra al hombro

Bolsillos llenos de libertad

Busco un amigo que tenga onda

Y me haga pata para volar

 

No tengo nada, pero soy libre

Me siento dueño de la ciudad

Mi facha rara provoca insultos

Cuando la gente me ve pasar

 

No ven sus vicios ni sus miserias

Sólo reparan en los demás

Yo estoy muy alto ¡Pobres gusanos!

¡Yo no me arrastro, puedo volar!

 

En vuestro mundo todo se vende

Amor, amigos y dignidad

Judas modernos, del oro esclavos

A mí jamás me podrán comprar

 

¡Y se proclaman hijos de Cristo!

¡Habráse visto desfachatez!

Por cinco reales matan a un hombre

Venden la madre, compran la ley

 

Oh, gentes nada que ver

Sigan arrastrándose!

Lenguas largas, cabellos cortos

Moral en venta o en alquiler

 

Oh, gentes nada que ver

Sigan arrastrándose!

Limpios por fuera, sucios por dentro

Es de rameras su proceder

 

Sigan arrastrándose!

Sigan arrastrándose!

Sigan arrastrándose!

Sigan!

Sé que hay muchas cosas por decir de él, pero creo que una síntesis de su vida es esta:

Ferky no se arrastraba.

Ferky volaba.

Y así lo vamos a recordar.

Hasta siempre Fernando Aguilera

 

Por : Geté

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