El amanecer de la victoria por el día de la independencia, llegó gracias a Fabio Lione.
Fabio Lione no necesitó dragones, catapultas ni un ejército de elfos para incendiar la fría noche asuncena. Bastó con que el italiano aparezca sobre el escenario de Voudevil y lance el primer grito de guerra para que todos los presentes entregáramos el alma, la garganta y probablemente hasta el aguinaldo al sagrado reino del power metal. Porque sí, mientras medio Paraguay seguía festejando los 215 años de independencia entre polkas, asado y alguna que otra patrulla buscando conductores sospechosamente felices, nosotros estábamos preparándonos para otra batalla histórica: sobrevivir a un show de Fabio Lione sin quedar afónicos, emocionalmente destruidos o abrazados a un desconocido cantando en italiano inventado.
Asunción venía más cargada de metal que colectivo de la Línea 27 a las 18:00.

En cuestión de semanas pasaron Dream Theater, Vader, Korn y ahora tocaba recibir nuevamente al emperador supremo de los dragones sin presupuesto CGI: Fabio Lione. Y ahí uno inevitablemente recuerda esos gloriosos años entre 2011 y 2015, cuando Paraguay parecía la ruta oficial del metal sudamericano y cada semana aparecía una banda para tocar en vivo.
La previa ya venía cocinándose desde hace días. En la radio sonaban especiales, pedidos, clásicos de Rhapsody of Fire y debates filosóficos importantes, como por ejemplo: “¿Qué tan alto puede llegar Fabio sin romper una copa de whisky?”, o “¿Emerald Sword es himno nacional alternativo del metal?”. En Lataparara Radio ya estábamos mentalizados para la cruzada épica.
Llegamos apenas para ver el cierre de Mythika, los leones fernandinos que nuevamente demostraron que el power metal paraguayo también sabe repartir temazos y con clase. Lastimosamente el tráfico asunceno hizo de las suyas. Porque claro, uno puede sobrevivir a siete dragones, a un solo de guitarra de veinte minutos y hasta a un pogo vikingo, pero jamás podrá derrotar el poder ancestral de un semáforo sobre Eusebio Ayala.


A las 23:00 la atmósfera ya parecía antesala de guerra medieval. Mientras en 1811 Iturbe, Caballero y Yegros preparaban el ultimátum contra Velazco, nosotros hacíamos exactamente lo mismo, pero en la fila de la cantina retirando nuestras municiones líquidas para entrar al combate. Y qué combate. El recinto estaba lleno, caliente y listo para el caos. El ambiente era tan épico que en cualquier momento esperábamos que aparezca un dragón estacionando frente al boliche cobrando valet parking.

Entonces sonó “Lux Triumphans”.
Y hermano, ahí ya no había retorno.
La intro cayó sobre nosotros como relámpago de hechicero. Piel de gallina instantánea. El pecho vibrando más fuerte que parlante de la ex línea 27 tuneado. Y cuando arrancó “Dawn of Victory”, el pogo explotó como si Velazco hubiera dicho “aguante la cumbia”.

La banda argentina que acompañó a Fabio tocó con precisión quirúrgica: impecables, afilados y más sincronizados que orquesta sinfónica dirigida por un bárbaro con espada gigante.

Intentar recordar el orden exacto de las canciones ya es otra historia. Nuestra previa iniciada heroicamente en Ñemby comenzó a pasar factura apenas iniciado el show. Y sinceramente, después del tercer coro épico, mi cerebro ya estaba funcionando en modo “taberna medieval”. Pero como buen paraguayo metalero, uno nunca pierde la dignidad: solamente cambia de idioma. Porque esa noche cantamos todo. En inglés versión Duolingo Premium pirateado, en italiano estilo tarantela escuchada en “Tano el Italiano”, y hasta en portugués improvisado cuando Fabio aprovechó para lanzar algunos misiles diplomáticos dirigidos a su ex – banda “Angra”. Ahí alrededor mío aparecieron lingüistas espontáneos insultando con una fluidez verdaderamente conmovedora.

Fabio estuvo monumental. Cercano, carismático y absolutamente demoledor. Hay tipos que cantan, y después está Fabio Lione, que directamente invoca criaturas mitológicas con las cuerdas vocales. El hombre no interpreta canciones; abre portales interdimensionales donde todos terminamos convertidos en guerreros medievales sudamericanos sosteniendo cerveza caliente como si fuese hidromiel.

Y cuando parecía que ya no quedaba energía en el cuerpo humano, el italiano decidió rematarnos emocionalmente con “Wasted Years” de Iron Maiden. Después vinieron “Unholy Warcry”, “The Magic Of The Wizard’s Dream”, probablemente “The Wizard’s Last Rhymes”, aunque a esa altura ya había gente viendo dragones sobre la consola de sonido (me incluyo), hasta llegar al cierre definitivo con “Epicus Furor” y la inevitable “Emerald Sword”.
Ahí se terminó todo.

O, mejor dicho: ahí comenzó la depresión post-show.
Porque “Emerald Sword” no solamente cantamos todos, dimos vuelta por todo Voudevil como calesita descompuesta en época del día del niño. Fue el momento exacto en donde aproximadamente 400 adultos paraguayos se olvidaron que tienen que pagar impuestos, cuentas, el combustible caro y problemas existenciales, para convertirse en una hermandad medieval desafinada, sudorosa y feliz.

Gracias nuevamente a Fabio Lione por traer su magia a Paraguay y recordarnos que el power metal sigue vivo, glorioso y más resistente que campera negra en verano paraguayo. También gracias a la gente de FH Entertainment, Voudevil, Lorena Jordán, Mythika y todos los media partners que hicieron posible esta noche encantada.
Que esto siga siendo apenas el comienzo. Que vengan más conciertos, más pogos medievales, más himnos épicos y más noches donde Asunción deje de ser capital por unas horas, para convertirse directamente en la Tierra Encantada de Algalord.
Por: KLD
PF: Caminante Rockero, Daniel Vera (DVL Studio), Instagram de Fabio Lione Oficial.
